Cursi

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Muerdo mis uñas contando las horas
para por fin volverte a ver.
Y es que te amo hasta la desesperación;
porque el amor es también desesperación.

De noche,
imagino tu boca en la almohada
y la beso,
trémulo y nervioso…

¡Ah, cuánto doy 
porque la fortuna nos dibuje con su mano espléndida;
y que el al usar los colores rojo y violeta
nos rocíe y salpique en cantidad!
Por estar unido a ti
en todo momento:
en las buenas y las mejores.
Ir tras de ti
siempre en vibrante alucinación,
sin atender nada más del mundo,
como un niño embelesado sigue una mariposa.

Pienso en ti
y escribo.
Y esto es horroroso como un corazón que se triza
o cae
a un abismo de congoja.

Y como el fracaso de la elocuencia.

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