Dulces, la compañía perfecta para cualquiera y para cualquier momento ya sean para quitar el hambre durante el trayecto al trabajo, espantar el antojo de media tarde o el suvenir colado de las vacaciones.

Coloridos, incorporando tradiciones culturales y culinarias coloniales y prehispánicas que se funden para traer deliciosas mezclas:

Alegrías: lo más popular y más común en la mesa de los mexicanos, adaptable y nutritiva para un desayuno o un aperitivo, hechas a base de amaranto y miel, decorada con pasas, nuez, cacahuate y pepita.

Palanquetas de cacahuate: comparte fama y desayunos escolares con la alegría, un postre para todo momento y hora, apto para ejercitar la mandíbula.

alegrías, muéganos y palanquetas

Cocadas: ¿Quién no ha caído ante la tentación de una cocada?, ya sea como suvenir de la playa (o de otro lugar) puede ser una tentación por su sabor y textura, elaboradas a base de coco rallado, jerez, leche, azúcar, yemas de huevo y almendras secas, puede ser una buena opción para disfrutar de algo dulce. Si no quieres las que son suaves puedes optar por las crujientes pero debes tener en cuenta que no todo diente puede con ellas.

Pepitorias: más conocidas como oblea, un postre sencillo que puede no gustarles a todos por la oblea que se pega a los dientes o paladar pero llegar a su centro de miel de piloncillo es la gloria.

Glorias: el pecado y tentación de muchos, preparada tradicionalmente con leche de cabra, miel de maíz y nueces, son el paraíso.

Ate: se elabora con la pulpa de la fruta y azúcar, esta mezcla una vez cocida se deja reposar hasta que se obtenga una barra sólida. Suele acompañar a la rosca de reyes u otros panes dulces.

cocadas, tamarindo

Fruta cristalizada: se elabora cociendo la fruta con azúcar: higos, papaya, naranjas, piña son algunas de las variedades pero puedes encontrar más, todo depende de la imaginación.

Muéganos: los crujientes muéganos se elaboran con una masa de harina de trigo frita que después se cubre con un caramelo hecho a base de piloncillo y azúcar. Si están frescos son “suaves” y fáciles de morder pero en caso contrario pueden ser difíciles de comer.

Borrachitos: hay borrachitos que se quieren, y me refiero a los dulces, preparados con harina y espolvoreados con azúcar, puedes sentir como se disuelven en la boca, todo un placer. Sí, también llevan licor, mucho licor…

Merengues: un dulce elaborado con la bebida de los dioses, clara de huevo y almíbar, un postre que no es para cualquier paladar ni estómago.

Tamarindos: No se necesita mayor explicación…
Camotes poblanos: su origen en los conventos de la ciudad de Puebla, cuenta la leyenda que una monja traviesa al observar que otra había dejado un cazo en el fuego, puso un camote con azúcar y lo batió, al probar esta mezcla quedaron maravilladas con su delicioso sabor.  Puebla, das mucho sobre todo tus conventos.

Y lo mejor de todo es que puedes encontrarlos en cualquier lado cuando quieras…

dulces mexicanos