Cógeme de la mano,         
llévame en una barca en que sólo quepamos tú y yo
a esa nación tabú donde es lícita la trata carnal.
Penétrame en esas rojas mareas,
cuyo vaivén sentimos como toques en la médula.
Marea en que los peces convulsionan, eléctricos,
entre jubilosas espumas saladas.

Bébeme: soy botella de un vino que se multiplica a sí mismo;
deléitate hasta tocar fondo.
Cómeme: soy cornucopia de mi propia abundancia.
Habítame: mi cuerpo es hoy para ti
un hostal con sillas, juegos de azar,
música primitiva de tambores y omóplatos, danza
y feliz prostitución. Marinero del amar…

¡No me dejes ir
hasta haberte saciado!

II

Se mecen las olas arrullando el candor,
pero no quiero dormir si no es contigo.

Tus besos son estampa sabrosa
cuando tiras de mi hebilla por acercarme a tu boca.
En ella encuentro un sabor a tabaco y ron.

Somos jóvenes, y seguimos en desarrollo,
carambolos de tierras exóticas,
con una estrella interior.

Uno sopesa los músculos del otro
y lo mide con los ojos.
El otro se deja hacer.

Inmenso es lo que siento por tu fuerza.

Hombre, el océano… el océano nos pertenece.