Nocturno, el gato negro pasea por las calles llevando el presagio adverso, enemigo de la fortuna, cómplice de brujerías.

Es igualmente la cauda de la tragedia: consumado el incendio, el accidente aparatoso, es visto en los alrededores lamiéndose de gusto, depravadamente saboreando el olor a estrago, como si la muerte fuera el reino al que en verdad pertenecen.

Puede salir vivo del ahogamiento tan fácilmente como cae de pie desde las alturas, donde vigila que la noche se desarrolle en calma luctuosa o espera a que el horror termine de instalarse.

Esbirro de la perdición, se desconoce la cantidad de muertes de la que sus vidas son capaces. Pero es mentira que tenga siete: tiene seis, el número del Diablo.