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“Todo es magia”: Baldwin Nahúm en el camino del artista-mago

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Nacido en Tijuana en 1984, llegó a vivir a Puerto Vallarta a los cuatro años. Él señala la pubertad como el inicio de su trayectoria en el camino del arte y el descubrimiento de la magia del universo. Comenzó escribiendo poemas de románticos, que ahora considera algo naif, pero que serían luego la semilla que germinaría en una trilogía de poemarios publicados en su juventud. Paralelamente comenzó a tocar la guitarra con sus maestros Joselo Cardozo y Kevin García.

Antes de los 18 años comienza su trayectoria en la pintura, bajo la tutela de grandes maestros, recibiendo clases privadas de tipo académico con pintores como Ernesto Durán. Tras trabar amistad con el poeta Lalo Quimixto, a quien reconoce como su mentor, se animó a dar un trabajo más decantado a su lírica. Con Lalo entabló largas conversaciones de tipo filosófico, divagaciones, sondeos por los derroteros de la mente, acerca del destino del artista, del personaje que es el poeta, del arte como transformación social y como proyecto de vida. “A Lalo le debo sobre todo el aprendizaje de escribir, casi como un cronista todos los días, inspirarse casi con desgano. Lalo fue el puente en mi camino hacia la poesía, la poesía de la vida misma. Aunque él se empeñaba en enseñarme la disciplina y la melodía casi a huevo. Le debo el rezo, el fumar con respeto, hablarle a la planta y encomendarse, la relación respetuosa con la magia, saberse mago más que artista. Le debo el conocimiento del ritual: encender una vela, consagrar el agua, comer naranjas por la mañana, suavizar tortillas viejas hasta que quedaran esponjadas, tostarlas, mezclar los aromas del carbón con la hierba en las mañanas abrumadas de los diciembres vallartenses. Le debo mucho respaldo, mucho ejemplo: el impulso mismo de insistir en que editara mi primer poemario y lo presentara, defender la identidad del poeta ante académicos y políticos. Saber reconocer la magia de la palabra y de la verdad como un poder.”

Fue así como nacieron tres poemarios consecutivos: Gritos (2004) que supuso una sensación en tanto era una irrupción en el silencio poético de la ciudad, El antagonista (2005) y La nave en llamas (2006), los cuales firmaba con el pseudónimo de “Delirium Tremens”, aludiendo a una canción de Joaquín Sabina y Fito Páez. Textos que fueron leídos en diversas veladas artísticas y tertulias en escuelas, casas, espacios públicos, etc.

Al preguntarle de sus recuerdos de estas lecturas públicas contesta: “Hay muchos recuerdos que son tesoros en mi vida. Recuerdo usar un pasamontañas para leer a Marcos el subcomandante en un libro titulado EZLN: Documentos y comunicados; leía un poema que habla del amor a la patria mientras mis manos temblaban tanto que podía verse el libro sacudirse en el aire, y recuerdo los rostros de los asistentes que estaban mirándome no con pena si no con orgullo. Recuerdo a varios amigos en el café “Tazón verde”, abrazándome al final, confortándome y alentándome como si todo fuera un ensayo; me decían: ‘sube otra vez, repítelo’. Recuerdo que mi hermano Kevin García se ofreció a musicalizar durante algunas de las presentaciones. Recuerdo no haber comido en un par de días editando el primer libro; tampoco dormí algunas noches. La noche al terminar de presentarnos con el poemario Gritos, una amiga me ofreció medio refrigerio; tal vez bebí alguna copa de vino, pero la comida me hizo quedar dormido de pie, y así, dormido, tropezando con paredes, fui andando hasta el Parque Hidalgo, donde tenía mi campamento de resistencia para evitar que lo derribaran y construyeran un estacionamiento, y allí fallecí por algunas eras; ahí mismo organizamos otro encuentro literario días después. Participaba de invitaciones a distintos eventos, algunos académicos e institucionales y otros más subterráneos.” En el prólogo de la Nave en llamas se lee:

Hablar de la poesía de Baldwin es hablar de una poesía de la calle, ligada íntimamente a la cotidianeidad, al encuentro de la gente (…) Este tercer poemario que el poeta se atreve a publicar contra las vicisitudes de la vida, lo ubica como una figura en la fauna citadina, una figura cultural contestataria que a través de gritos antagónicos ha contribuido al rescate del olvidado placer de la poesía en esta ciudad. Esta entrega nos muestra a un poeta más gráfico en sus quehaceres, jugando con la plástica como un niño, como queriendo construir con palabras una escalera para escapar del vacío de la monotonía, de las cadenas del tiempo al que llama ‘verdugo sublime y antihumano’, ‘verdugo furtivo’. El vacío del día a día en el que ‘charlas con una pelota reventada… y lees el periódico la misma noticia, el mismo chiste’. Baldwin usa lo efímero como principio. Sus poemas son breves; solo algunas palabras como hojas de periódico sin dueño que el viento dispersa; o, como el diría: ‘solo un eco en las conciencias hermanas’. A través de las vicisitudes en el destino del poeta, Baldwin, como un terco, no ha sabido rendirse, pues sabe que ‘cada duda para la mente, es una confirmación para el espíritu’. Baldwin afirma en este poemario: ‘mientras caminaba encontré una pluma, azul, hermosa’. Tal vez se refiere a su encuentro con la poesía, por el camino de la vida.

La incursión en la poesía de Baldwin se da la mano con la lectura. Aunque ya ha olvidado a algunos poetas que lo acompañaron como favoritos en ciertos periodos de su vida (y en este sentido se considera “un mal amigo” de ellos), cita a algunos. Como a Arthur Rimbaud: de quien no lo deslumbró tanto su poesía, sino su mito, su historia de escuintle genio y maldito. “Hoy por hoy respeto mucho a muchos poetas: Friedrich Nietzsche, Charles Baudelaire, Mario Benedetti, por ejemplo. Hay unos que me llegan como oleadas: Mario Santiago Papasquiaro, Fernando Pessoa. Pero hay poetas contemporáneos que me tocan mucho: Gustavo Cerati, Fito Páez, Joaquín Sabina, León Larregui (este casi es gusto culposo), Armando Palomas, que es más un albañil de la letra que un poeta pero sabe pegar bien esos ladrillos el cabrón. Respeto mucho la locura de los verdaderos poetas, en el arrojo de soltar las amarras y no creer en nada ni en nadie. Iván Antillón es uno que me inspira… a no morir en el intento al menos…”, abunda. Pero sus lecturas favoritas, recalca, han sido “la lectura de las estrellas, la lectura de miradas, la lectura del viento en los árboles, la lectura del fuego y la de los horóscopos de los cerillos (esto último chiste para mexicanos, claro)”. “Para mí la poesía es la danza, el fluir de la energía. Hay distintas frecuencias donde esto se percibe. Cazar la inspiración para poder estar trabajando la creación el tiempo suficiente y romper los umbrales de la resistencia humana… Y que sea el arte el que comande”, nos confiesa.

En este contexto lírico, esos años, Baldwin vive una vida bohemia acompañado de “los profesores universitarios de la calle”: los pintores, juglares, artesanos y performistas que inundaban las calles del centro de Puerto Vallarta. Decide hacer vida pública bajo la identidad del poeta rebelde, contestatario, marginal. Sobre ese ambiente (contra)cultural de la época en Puerto Vallarta, hacia la mitad de la primera década de este siglo, relata: “Fue una bella aventura, una bonita evolución y una heroica revolución. Había mucho desorden global. Parecía que Puerto Vallarta tenía algo que todo mundo quería llegar a probar. Había toda clase de performances en las calles del Malecón: gente estatua, escultores, equilibristas de piedras, danzarines con fuego, etc. Había arte y artesanía en las calles. Se destaparon muchas cosas en la ciudad. El espíritu de la poesía afloró, reverdeció, germinó y dio frutos que ahora han madurado, aunque ahora la ciudad es aún más indiferente que en aquellos días. Fue un excelente caldo de cultivo.”

Tras unos años viviendo del arte de diversas disciplinas artísticas, comienza estudios de medicina tradicional y el uso de plantas enteógenas, con trabajo de campo. Eso redefine y reconceptualiza no sólo su percepción personal del arte, sino su propia identidad. De ahí viene un abandono de los escenarios y la vida pública que consideraba hasta entonces como partes de la vida artística. “Ahora la poesía no sólo estaba en los textos. El arte para ahora estaba en todas partes. La poesía comenzaba a hablar desde el entorno y en la manera de caminar la vida. La pintura se convirtió en todo el espectro con el que uno puede colorear su vida. La música reconocida como una expresión de ancestral conexión con lo espiritual y lo instintivo. Para mí la poesía está también en el proceso de la joyería: fundir el metal y hablar conmigo mismo desde muchas partes profundas del ser.”

Actualmente continúa dedicado a la medicina tradicional, considerando a las llamadas plantas sagradas como comunicadores o develadores de lo divino en un universo donde todo lo es: Todo es magia, todo es arte, pero a veces las pantallas nos distraen de recordarlo”. Luego vienen los estudios de fotografía y los horizontes se siguen ampliando.

A partir de este lenguaje fotográfico se abre un enfoque plástico: empieza la exploración de la escultura y la talla en madera, dando paso rápidamente a la incrustación, a los metales y piedras preciosos. A la joyería. “Más como un estudio personal, como una forma de vida de la cual se obtiene un producto estético perdurable que embellece y acompaña. Pero más un servicio y una aportación espiritual a modo de honrar y portar el regalo de este vehículo engalanando la vida misma”, explica. En esto, la diferencia entre arte y artesanía puede ser solo conceptual, y al final lo que importa es lo que relaciona al creador con el oficio y con quien adquiere la pieza, ya que para él cada pieza “habla” y tiene un espíritu.

 Después de caminar por diferentes ciudades en México (Chalma, Lázaro Cárdenas, Ciudad de México, Tepic, Uruapan, Guadalajara) y Colombia (Bogotá, Barichara, Pasto), vive en San Francisco, Nayarit, mejor conocido como San Pancho, entre “nuevos jipis y nudistas faciales que andan por ahí sin sostén en la sonrisa”. Hasta antes del confinamiento anualmente ofreció talleres para niños y adolescentes en distintas disciplinas como el canto y la pintura. Allí tiene su estudio de joyería, con todo el equipamiento profesional, y en el cual durante el mes de noviembre estará abriendo un taller de residencia para joyeros con experiencia, que cuenten con herramienta propia y quieran pasar unas semanas produciendo una colección temática en colectivo: el cupo será limitado a 3 residentes.

Le hemos pedido a Baldwin que relacione una palabra:

Amor – Fuerza
Universo – Escenario
Dios – Juego
Odio – Miedo
Arte – Belleza
Poesía – Lenguaje
Sexo – Llave
Vida – Danza
Muerte – Cambio
Experiencia – Conocimiento
Ego – Maestro
Naturaleza – Madre

De: Gritos
(SIN NOMBRE)


Días de aire,

noches de plomo.

Tormentas de días que paso ileso.
Trozos de noche que lastiman, que matan.
Días que apagan las llamas.

Noches que aplastan.

De: El antagonista
“NOCHE”

Paseando en mi interior
encuentro a mis demonios.
Escondidos, tras mi sueños.
Me toman del cuello,
escupo sobe ellos.
Secuestran mis pensamientos,
los mutilan,
los ocultan en sus bolsillos.

Mi mente se desprende.
No se han dado cuenta
que son sólo fantasías.

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