El mexicano se distingue por muchas cosas, una de ellas es el amor por la comida y el nacionalismo que reside en ella. El frijol y el chile son elementos que mantendrán su permanencia en el paladar nacional (y extranjero), sobre todo porque es fácil caer en la tentación de unos buenos frijoles refritos con un chile de árbol, o servir más salsa a ese taco que va a la mitad. Sin embargo, la cocina mexicana cuenta con agregados que no son mexicanos pero que se han adoptado tanto a la cultura que es raro creer que son extranjeros.

La sandía y el arroz son alimentos que no tienen sus raíces en tierras nacionales, ellos fueron de mano a mano hasta llegar a nuestros paladares.

En varias ocasiones se ha utilizado a la sandía para hacer alusiones a la bandera mexicana pero la sandía no es originaria de México, su cultivo tiene origen en el desierto de Kalahari en África, fue introducida al Nuevo Mundo por los pobladores europeos a partir de ahí se extendió su cultivo por todo el continente.

El arroz, cómo olvidar el arroz cocinado con su zanahoria y chícharo; en todos sus colores: verde, rojo, blanco, amarillo. Es arroz de todos los moles, caldos, tacos y postres. ¿Cómo podemos pensar que no es mexicano? La verdad es que su origen no es claro, pero se han generado varias hipótesis, algunos lo ubican como oriundo de Asia Meridional, otros de África, lo único con lo que se está de acuerdo es que es uno de los alimentos más antiguos de la humanidad.

No importa de donde viene, sino a dónde va.