A lo largo de todos los puntos cardinales del planeta es posible encontrar la existencia de monstros vampíricos en la mitología de los pueblos; algunos de ellos incluso, como la diosa hindú Kali, deidad de la destrucción son figuras sagradas. El Diccionario ilustrado de los monstruos de Massimo Izzi[1] registra treintaiséis de estos vampiros. Haremos una revisión panorámica de algunas de estas figuras mitológicas.

Los historiadores suponen la existencia de la creencia ya en el antiguo Egipto de la resurrección, a consecuencia de algún hechizo, de los muertos para atacar a los vivos y llegar a causarles la muerte.[2] La leyenda más antigua sobre bebedores de sangre parece remontarse a antes de la época del Nuevo Reino.[3] Sekhment era una divinidad guerrera a la que Ra encargó la represión de la rebelión de los hombres contra los dioses; al destruir a los rebeldes y beber su sangre, adquirió tanto placer en ello que se volvió insaciable al grado de casi exterminar a todo género humano: hay en este mito rasgos inequívocos de vampirismo.[4] Durante la influencia helenística en esta cultura a los muertos que regresaban de la muerte se les denominó chtonios, cuya traducción es más o menos “espectro amigo de la sangre”.[5]

La cultura sumeria creía en las lamasthu o lamme, criaturas que comían la carne y bebían la sangre de la gente. En la cercana Babilonia se suponía la existencia de seres sobrenaturales de características vampíricas, como los edimmu y los pennangalan;[6] para protegerse de ellos se recurría a los servicios de los magos.[7]

Son muchas las leyendas hindúes que hablaron de criaturas de la noche llamadas buthas, espíritus nocivos que por las noches se desplazaban a los cadalsos para satisfacer su apetito de sangre. Por otro lado, en la India antigua existió una leyenda según la cual las doncellas hermosas eran visitadas mientras dormían por un espíritu sanguinario llamado baital o vetala, que no era sino un cadáver vuelto a la vida y con la capacidad de transformarse en murciélago. De hecho, uno de los textos más arcaicos de la India y del mundo, originalmente escrito en sánscrito y de autor anónimo, se llama Baital Pachisi, conocido generalmente en Occidente como Las veinticinco historias del vampiro. Dicha obra, ampliamente difundida por traducciones y adaptaciones entre los orientalistas, es una colección de cuentos, donde el narrador, que también es el protagonista de ellos, es un vampiro o vetala, traducción imprecisa de la palabra original de esta figura mítica, pero que sin embargo ha quedado consagrada por los estudios sobre el tema.[8] Según Brenda Rosen, los vetalas son espíritus malignos de la cultura india que rondan los cementerios, osarios, crematorios, pudiendo tomar posesión de algún cadáver a través de los cuales atormentan a los vivos para causar enfermedades, locura y muerte. Son capaces de conocer secretos arcanos del pasado y el futuro, razón por la que los hechiceros los buscan para someter su voluntad y usar sus poderes en sus fines. El vulgo los combate o neutraliza con oraciones o cánticos rituales.[9] Sin embargo, en Las veinticinco historias del vampiro, el vetala no es necesariamente cruel, ni bebe sangre. Aunque sí es malicioso y engaña a los hombres cambiando de forma. Pero, por otro lado, es también capaz de mostrarse servicial, y así da un consejo valioso a un rey. Según Louis Renou la creencia en vetalas es propia también del budismo y forma parte de decoración demoníaca del tantrismo shivaita.[10]

En los primeros tiempos de la cultura helénica se creía en el vrycolaka[11], ser que resurge de la tumba para recorrer melancólicamente los lugares que le habían sido familiares en vida, pero sin causar ningún daño físico a nadie. Típicamente, estos muertos habían sido suicidas o habían sufrido muertes muy violentas o prematuras. Ya en la Alta Edad Media, con el contacto de los griegos con los habitantes de los Balcanes, el término vrycolaka dejó de signar a un ser inofensivo para nombrar a un ser que, además de lo anterior, ataca a las personas que encuentra, llegando a causarles la muerte. Aún en la actualidad, en algunos pueblos supersticiosos de Grecia se suele maldecir a los cadáveres durante su entierro para que éstos no se levanten de su tumba convertidos en vrycolakas[12]; y se considera que tienen poderes que los emparentan con los íncubos y los súcubos, atacando principalmente a mujeres viudas para tener relaciones sexuales con ellas.[13]

La mitología romana tuvo a los stric o strux, rencarnaciones de individuos que en vida fueron especialmente crueles o belicosos, a los que se combatía con una rama de madroño.[14]  Las empusas, por otro lado, son unas de las figuras que más influiría en la conformación icónica del vampiro femenino posterior; se tratan de un espectro infernal que la diosa Hécate envió para castigar a los hombres y merodeaba por parajes desolados en noches de luna llena, capaces de convertirse en buey, mulo, perro o mujer. En Las ranas de Aristófanes parece una empusa como guardiana del Hades.[15] En la obra La vida de Apolonio de Filostrato, en el episodio “La novia de Corintio”, encontramos, según Jacobo Siruela, el primer esbozo de un cuento de vampiros en Occidente, encarnado en una seductora y atractiva empusa que pretendía beber la sangre del héroe Menipo.[16] En la historia Menipo es encontrado en un camino por una mujer misteriosa que le declara su amor y lo invita a su casa a beber vino, prometiéndole placeres. Seducido, el joven la acompaña y sigue visitándola después. Apolonio de Tiana, filósofo pitagórico, encuentra luego a Menipo, y éste le dice que va a casarse con la mujer. En la boda, el filósofo pronuncia un discurso acerca de que las empusas aman los placeres sexuales y cómo con ellos seducen a los varones a los que quieren devorar. La empusa, delatada, se hecha a llorar y reconoce que ha seducido a Menipo para comérselo, habiéndolo escogido a él porque la sangre de los jóvenes hermosos es pura. Entonces todos ornamentos de la boda, el oro y plata, así como los sirvientes, se desvanecen pues fueron siempre pura apariencia. La mitología romana tuvo también a las lamias,[17] monstruos femeninos celosos de la felicidad ajena que acechaban a las madres cuyas criaturas robaban y devoraban, por lo que las niñeras las mentaban para asustar a los niños revoltosos.[18] Eran descritas como un híbrido de mujer y serpiente incorporando seductores atributos con los que atraían a hombres jóvenes.[19] Algunos escritores piensan en las lamias romanas como monstruos nocturnos femeninos que buscaban a niños para alimentarse de su sangre. Horacio escribiría sobre una lamia en su Ars poética.

Entre los pueblos nórdicos se creía también en seres de este tipo, aunque su tradición es mucho menor que la existente entre los pueblos de Europa Central y Oriental.[20] En las leyendas de Islandia apareen el draugar y el haighui, cadavéres ambulantes malignos de aspecto generalmente descomunal y repulsivo que comían carne humana.[21]

En Alemania se registra la creencia en el alp, un espíritu que de noche oprime el pecho de los durmientes y chupa la sangre de los pezones de niños y hombres, sorbiendo igualmente la leche de las mujeres. El alp nace en forma de mariposa de la boca de un muerto. Para neutralizarlo se identifica al muerto que lo ha producido y se pone en su boca un limón. Igualmente, en Alemania, entre los pueblos eslavos, mara es un espíritu femenino que una vez probando la sangre de un hombre se enamora de él para perseguirlo incesantemente. En Checoslovaquia este mismo espíritu fue concebido como salido del cuerpo de una persona viva que de noche abandona su cuerpo para chupar la sangre de otras personas.[22]

Desde mediados de la Edad Media hasta la actualidad, se tiene noticia de la creencia de seres vampíricos por casi toda España. El principal referente es el mulé o muló. El escritor Jesús Callejo, especialista en creencias españolas, asocia la creencia en este ser con tradiciones ancestrales de los gitanos que probablemente viajaron con ellos desde India, de donde se especula que son originarios. Este ser fantástico es un muerto que abandona su tumba sólo de noche, tiene apetitos sexuales, puede adoptar la forma de algún animal y permanece inactivo de día.[23] En Galicia se registra la creencia en brujas chupadoras de sangre de los niños provocándoles anemia y raquitismo, llamadas meigas xuxonas.[24]

[1] Izzi, Massimo (2006): Diccionario ilustrado de los monstruos. José J. De Olañeta: Palma de Mallorca

[2] Arancil, Miguel G. (2002): Mito y realidad de los no muertos. Edaf: Madrid, p. 32

[3] Iniesta Masmano, Rosa (2011): “La señora Cristina. De la novela de Mircea Eliade a la ópera de Luis de Pablo” [en línea] en Gazeta de Antropología. No. 27. España. Disponible en: http://www.ugr.es/~pwlac/G27_04Rosa_Iniesta_Masmano.pdf [consultado el 12 de abril de 2015]

[4] Rodríguez Domingo, José Manuel (2012): “Imágenes de perversidad: el vampirismo en el arte [en línea] en Vampiros a contraluz: constantes y modalizaciones del vampiro en el arte y la cultura (Carretero González, M.; et al, eds.). Comades: Granada, p. 211 y 212. Disponible en: http://hdl.handle.net/10481/27432 [consultado el 12 de marzo de 2016]

[5] Arancil, M.G. (2002): Op cit., p. 32

[6] Armienta Oikawa, N. (2004): Op. cit., p. 19

[7] Arancil, M. G. (2002): Op cit. p. 29

[8] Renou, Luis (1980): “Introducción” en: Anónimo (1980): Cuentos del vampiro. Paidós: Buenos Aires, p. 14

[9]Rosen, Brenda (2008):  The mythical creatures bible: The definitive guide to legendary beings. Sterling: Nueva York, p. 34

[10] Renou, Luis (1980): Op. Cit., p. 15

[11] Diversos estudiosos sostienen que el término griego puede traducirse como mordedor, devorador o incluso roedor. Cfr.: Eetessam Párraga, Golrokh (2014): “La seducción del mal: la mujer vampiro en la literatura romántica” [en línea] en Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica No. 32. Madrid, p. 90. Disponible en: http://dx.doi.org/10.5209/rev_DICE.2014.v32.47140 [consultado el 12 de marzo de 2016]

[12] Aracil, M. G. (2006): Op cit., p. 26-27.

[13] Sánchez-Verdejo Pérez, Francisco Javier (2011): Terror y placer: hacia una (re)construcción del mito del vampiro y su proyección sobre lo femenino en la literatura escrita en lengua inglesa [tesis, en línea]. Universidad Castilla-La Mancha, p. 225. Disponible en: http://hdl.handle.net/10578/1197 [consultado el 12 de marzo de 2016]

[14] Ibídem, p. 28

[15] Rodríguez Domingo, J. M. (2012): Op. cit., p. 215.

[16] Siruela, Jacobo (2010): “Prólogo” en VV. AA.: Vampiros (Siruela, Jacobo; comp.). Atalanta: Girona, p. 15

[17] En realidad, las empusas y las lamias son constantemente identificadas entre sí. Algunos autores usan cualquiera de estos dos tipos de monstruos para referirse a los seres mitológicos que aparecen tanto en Las ranas de Aristófanes como en La vida de Apolonio de Filostrato.

[18] Sánchez-Verdejo Pérez, F. J. (2011): Op. cit., p. 290

[19] Ibídem, p. 215

[20] Ibídem, p. 45

[21] Olivares Merino, Eugenio M. (2006): “El vampiro en la Europa medieval: el caso inglés” [en línea] en Cuadernos del CEMYR No. 14. Centro de Estudios Medievales y Renacentistas: Tenerife, p. 213. Disponible en: http://publica.webs.ull.es/upload/REV%20CEMYR/14-2006/09%20(Eugenio%20M_%20Olivares%20Merino).pdf [consultado el 12 de marzo de 2016]

[22] González Christen, A. (2003): Op. cit., p. 54

[23] Ibídem, p.127-129

[24] Sánchez-Verdejo Pérez, F. J. (2011): Op. cit., p. 165