El túnel divide en dos la carretera sinuosa,
latitudes que en vida y muerte se difunden.

Como cuando con un barreno atravesamos
el corazón de una manzana,
así el cerro fue despojado de su entraña.

Pero a veces en la operación se desliza un error.

Lo atravieso con inseguridad y con jadeo.
A través de vidrios empañados,
la nieblina va formando caprichosos fantasmas
que juegan a cegarnos, a enloquecernos.
Y es inútil que encienda la radio para no atender.

Túnel donde el frío cuaja en estalactitas,
donde la humedad envenena el aire apresado,
donde una cerilla que logra su incendio es letal,
donde se eterniza un grito de auxilio.

Donde se solidifica un pulso de horror.

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