Con el paso del tiempo las cirugías plásticas se han ido popularizando, ya sea para una reconstrucción o meramente para arreglarte algo que te disgusta, por comodidad o seguridad. Las razones son varias, al igual los estudios y cuidados que se deben tener antes de entrar a una.

Las cirugías plásticas son más comunes de lo que podría pensarse. Tan sólo México ocupa el quinto lugar a nivel mundial dentro del tema, pues registra alrededor de 400 mil casos al año. Y aunque hay diferentes zonas que podrían operarse, las más comunes en las mujeres son el busto y el  abdomen.

Como en cualquier operación es necesario cuidar ciertos aspectos, como ir con un médico que tenga la especialidad que buscas. Antes de hacerte una operación es importante considerar más cosas que el resultado final. Te diremos algunas de ellas.

El cirujano

Puedes ver diferentes opciones en hospitales y revistas, sin embargo, es mejor que agendes una cita con uno del cual ya conozcas los resultados, ya sea por medio de un familiar, amigo o vecino.

Otro aspecto al que debes prestar atención son los estudios del médico, como actualizaciones a través de cursos o congresos, además de que forme parte de la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica y Reconstructiva (AMCPER).

Citas

La primera cita con el cirujano es de evaluación, es decir, explicas qué te quieres hacer, cuál es el resultado esperado, duración de la operación, tiempo estimado de recuperación, precio –que varía en relación con el hospital en donde se lleve a cabo– y modalidades de pago.

Si la primera impresión, así como la información obtenida, fue convincente, se realiza una cita para acordar la fecha de la cirugía y pedir la hoja de estudios preo-peratorios, así como indicaciones para el día de la operación.

Los pre-operatorios

Es todo un tema y uno de los puntos que menos se toca. Un mes antes de la operación debes realizarte ciertos análisis, como: conteo sanguíneo completo (CBC), análisis del riñón, el hígado y niveles de azúcar en la sangre, electrocardiograma (ECG), plaquetas, creatinina y prueba de anestesia; por mencionar algunos. Muchos de ellos se realizan en ayunas.

También debes suspender el uso de algunos medicamentos, como la Aspirina; y dejar algunos hábitos como fumar.

Lo que debes tener antes de entrar a cirugía

Es preferible que unos días antes de entrar a la operación tengas algunas cosas preparadas, las cuales usarás al salir. Algunas de ellas, en el caso de las cirugías plásticas, son: fajas en el caso de liposucción, “tops” especiales para las cirugías de busto y licras para glúteos. Éstos, en ocasiones, los puedes adquirir en el mismo hospital o el médico puede darte información de posibles lugares en donde los puedes encontrar.

Para minimizar la cicatriz existen ciertas cremas, como aceite de rosa mosqueta o kitoscell. Aunque estas comienzan a usarse aproximadamente un mes después de la operación, es mejor que las tengas desde antes. No olvides que se usan después de que se han retirado los puntos y la herida haya cerrado.

El día de la cirugía

Descansar es lo que se espera un día antes, sin embargo, puede no ser así por los nervios, puede ser un buen momento para que hagas una maleta con dos cambios de pijama, de preferencia que sea de botones y no ajustada. Empaca pantuflas, ropa interior, calcetines operatorios –en ocasiones se usan vendas– y una muda de ropa cómoda para salir del hospital.

Es preferible que llegues sin pendientes, joyas o cinturones. Asimismo, es recomendable que ese día te hayas bañado con jabón neutro.

Al llegar al hospital

Después de estar en la sala de espera al llegar, te envían al que será tu habitación, hay hospitales en los que puedes ir acompañada de una persona. Te pones la bata y ordenas tu equipaje y esperas a que las enfermeras y te preparen. Te ponen el catéter y verifican que todo esté en orden hasta la llegada del médico.

Cuando llega el médico comienza a realizar las marcas de corte, para lo que te debes parar de la camilla y quitarte la bata. Te marca con un plumón especial, y te muestra en el espejo por donde va a hacer el corte.

Después te vuelves a acostar en la camilla y empiezan a ponerte anestesia mientras te trasladan al quirófano. El tiempo que estás ahí lo sientes mínimo ya que comienzan a ponerte dosis más fuertes de anestesia, todo vigilado por un especialista.

Al despertar

Es posible que no sientas dolor, sólo resequedad en la garganta, pues meten un tubo para controlar la respiración. Este malestar dura poco tiempo.

Puede que mientras despiertes esté un familiar o amigo tuyo en la sala, sin embargo, puedes comenzar a recibir más visitas cuando hayas despertado por completo. Es posible que te llevan de comer, trata de no hacerlo rápido y pide ayuda, porque puedes vomitar por los efectos de la anestesia.

Los efectos de la anestesia van pasando poco a poco. Moverse puede ser incómodo pero no doloroso, también es normal que te sientas cansado y confundido. Esto desaparece conforme transcurren los días.

Dependiendo de los resultados de la operación puedes pasar la noche en el hospital o ir a tu casa.

Cuidados posteriores

Después de la cirugía, el médico agenda otras citas para verificar el avance y cuidar que no haya infección o complicaciones.

Hay pastillas para todo: dolor, cicatrización, mareos, vértigo, etc. Debes tomarlas a tus horas y que durante todo el periodo esté alguien contigo, ya que es posible que vomites o te marees.

Asimismo, para cuidar la “costura” y la cicatriz es necesario hacer lavados con gasas y cremas que te recetó el médico. La ayuda de alguien es indispensable en todo este proceso de recuperación.

Los resultados

Es inevitable querer empezar a hacer tu vida normal, ponerte ciertas prendas, sin embargo es necesario que pasen de tres a seis meses para poder ver el aspecto definitivo y alrededor de un año para ver cómo lucirá finalmente la cicatriz.

Asolearse, hacer movimientos bruscos y visitar lugares transcurridos deben ser evitados –por los golpes o choques con otras personas– por lo menos los primeros tres meses.