Soy tuyo más allá
de la dilatación de los esfínteres
y la actitud receptiva de mucosas.
Más allá del ritual extravagante con que te invoco
y del nombre mío tembloroso. Desciende a mí
una noche de centellas de plata
y alegres metrallas enloquecidas,
para anudar tu vida a la mía
y hacer juntos camino por los lúcidos terrenos
de la sensualidad desbordada,
toda henchimiento y lubricaciones.

Dame luego tus besos pegajosos,
tu barba de tres días para limar mis mejillas
y el árbol de tus venas con todo el poder
de llevarnos directo a la combustión,
para así completarme.

Mi cerebro se expande si imagino
mi docilidad huérfana acunada en tu pecho,
ese día de nuestro encuentro
irradiando desde todas direcciones.

Eres una esfera.
Y yo soy el observador paciente
que sobre la tierra la mira arder
e iluminar la noche de este mundo extraño
en el que se necesitan dos
para lograr el coito.

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