Uno a uno se han herido los amantes
bajo el signo de la rosa,
uno a uno han sangrado sus copas los poetas,
han vertido sus lágrimas los castos monjes
y la inocencia del niño se ha pinchado
bajo el signo de la rosa.

¿Quién ha creado tan dolora belleza?
¿Quién dispuso que en los jardines pulule como un insecto
la rosa que, como un amanecer, despierta y se estira?

Ha doblado sus brazos el sol, y la hora es ya tardía.
Nuestro canto se dirige con gusto a doblegarse
bajo el signo de la rosa.

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