Época clásica del vampirismo: la fiebre del vampirismo en Europa. Parte 1

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Durante el siglo XVII en Rumania, Polonia, Bulgaria, Ucrania, Hungría, Austria, Lituania, Bulgaria Croacia, Serbia, Albania, Bohemia, Moravia, Silesia y Turquía, la creencia en vampiros era tan fuerte y tan arraigada en la población que se desató un episodio de verdadera psicosis que es muy conocido y referido entre los estudiosos del tema, y que es de particular interés para nosotros ya que los primeros textos literarios en torno a la figura del vampiro son precisamente producto de esta efervescencia. Las constantes historias populares sobre ataques de vampiros “se convirtieron en tema del día y en material de exportación. Se publicaron informes detallados por comisionados de las cortes,de las sociedades científicas y de la iglesia católica, del ejército. También se publicaron libros encaminados a negar la existencia de los vampiros y otro sa afirmar la veracidad de su existencia.”[1] [2] Muchos de estos informes se conservan hasta la fecha. Según Antonie Faivre es en 1726 cuando consta por primera vez en un documento oficial la palabra vampiro para describir en Serbia los ataques de un campesino supuestamente muerto que habría vuelto de la tumba.[3] [4] G. FAbbot, contemporáneo del fenómeno, quien estudió el fenómeno in situ, nos da la definición de vampiro en uno de sus trabajos más conocidos:

Se considera que los vampiros son cadáveres de los excomulgados que han sido poseídos por algún espíritu maligno, actuando sobre el cadáver de forma que evitan totalmente la descomposición del cuerpo, logrando que abandonen sus tumbas al anochecer, para salir en busca de alimentos. Si se les exhuma, se encuentra el cuerpo en buen estado, rojas sus mejillas, lo mismo que las de un ser vivo.[5]Se creía que devenían vampiros los no bautizados,los blasfemos, adúlteros y suicidas, condenados así a no tener descanso después de la muerte.[6] A los sospechosos de ser vampiros se les desenterraba, se les clavaba una estaca en el corazón; los eslavos creían que la madera de abedul era particularmente propicia para terminar la existencia de un no-muerto,[7] si bien también se usaba el álamo y el arce.[8][9] O seles cortaba en trozos y se les quemaba para echar sus cenizas al viento, o,mejor, a un río de agua corriente. Uno de los métodos más clásicos que se refieren en la literatura que trata del tema es la decapitación, que se practicó ampliamente en Europa Central. La razón simbólica de esta práctica es explicada por Juan Eduardo Cirlot, quien escribió que “La decapitación ritual está profundamente relacionada con el descubrimiento prehistórico de la cabeza como sede de la fuerza espiritual”;[10][11] de allí es lógico pensar que los rústicos pobladores de esas regiones creyeran que, cortando la cabeza del cadáver de un supuesto vampiro, desapareciera la fuerza vital de éste. Otros métodos de enfrentar al vampiro son los ajos y la rosa y sus espinas, lo que observaremos en alguna de la narrativa literaria relativa al vampiro (la rosa y el ajo como repelentes eficaces para el vampiro está, por ejemplo, en la célebre novela Drácula).El origen de la superstición acerca de la rosa y sus espinas como armas para defenderse de los vampiros ha sido poco estudiado por los investigadores; pero tal parece que se trata de motivos cristianos, pues la rosa es un símbolo de la sangre de Cristo y las espinas recuerdan la corona que portó Cristo en su Vía Crucis.[12] El uso de estos elementos se usó particularmente en Hungría y Transilvania. Típicamente, un amuleto del que se creía que era capaz de mantener alejado al vampiro es la cruz cristiana. A este respecto, podemos comentar que la cruz,mucho antes del cristianismo, fue símbolo de la luz solar (que es enteramente contraria al vampirismo, esencialmente nocturno) desde el Neolítico, según se especula; símbolo que puede rastrearse en culturas tan antiguas como las de Egipto, China e India.[13] Al Neolítico también se remontaría, por otro lado, la creencia en la sangre como fuerza dinámica de la vida, o quizá mucho antes, tal como señala el antropólogo Jean Paul Roxu.[14] Aveces, las supuestas victimas de un vampiro bebían las cenizas resultantes dela combustión del cadáver acusado de revivir, mezcladas con agua, con el fin de recuperarse de la influencia nociva del monstruo, ya que se consideraba que ser mordido por un vampiro trasmitía la naturaleza vampírica.[15] Se creía que los vampiros también atacaban a los animales, y se suponía que comerla carne de un animal mordido por un vampiro también trasmitía el vampirismo.[16]


[1] Tola de Habich Fernando (2009): Op. cit.

[2] La discusión en torno a la existencia en Europa de estos ataques de vampiros se vuelve relevante toda vez que en 1484 el papa Inocencio VIII había aprobado la publicación de la obra Mallus Maleficarum, escrita por los domínicos Jacob Sprenger y Heirich Kramen, por la cual la Iglesia reconoce oficialmente la existencia de los muertos vivientes.

[3] Quirarte, V. (2006): Op. cit., p. 152

[4] Se trata del famoso caso de Arnold Paole, ex soldado nacido en serbia que murió en Medveja en 1726, luego de golpearse la cabeza o romperse el cuello al caer de una carreta de heno. En vida habría afirmado a su esposa haber sido atacado por un vampiro mientras estaba en el ejército en Grecia. Al morir, se supone que inició una epidemia de vampirismo que afectó a varios de sus conciudadanos y ocasionó síntomas de fiebre alarmante, náuseas, dolores abdominales, dificultad respiratoria, punzadas y una sed insaciable en muchos habitantes de la aldea. Cuarenta días después de su muerte se decidió exhumar su cuerpo y se comprobó que permanecía incorrupto, con rostro saludable y manchas de sangre en su ropa y labios. Debido a esto, se le clavó una estaca y se cuenta que dio un terrible alarido. El proceso se repitió con cada una de las supuestas víctimas de Paole, para evitar que se volvieran vampiros. Sin embargo, debido a que se había alimentado de sangre de ganado, mismo que gente del pueblo habría comido, habrían apareciedo nuevos vampiros. En los próximos tres meses, 17 habitantes del pueblo murieron en condiciones sospechosas. Revisando sus tumbas, trece de esos cadáveres fueron encontrados en condiciones similares a las de Paole, por lo que el proceso se repitió; y así se habría terminado con esa plaga de vampiros. Su caso, registrado y documentado por las autoridades austriacas, se considera uno de los ejemplos mejor estudiados sobre la creencia en vampiros de la época. Para tranquilizar a la población, la autoridad solicitó la exhumación del cadáver para proceder a un ritual frente a la presencia de un médico militar y dos suboficiales. Las conclusiones oficiales de este caso se expusieron en el documento Visum et Repertum (Visto y descubierto), que tuvo amplia discusión por toda Europa. La revista franco holandesa Le Glaneur Historique, muy leída en su tiempo, expuso con todo lujo de detalles el relato oficial el 3 de marzo de 1732 y el London Journal lo publicó el 11 de marzo. Cfr.: Sánchez-Verdejo Pérez, F. J. (2011): Op. cit., p. 168 y 169 y Cfr: Muñoz Aceves, Francisco Javier (2000): “El motivo de la mujer vampiro en Goethe” [en línea]” en Revista de Filología Alemana No. 8. Universidad Cumplutense de Madrid: Madrid, p. 120. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/RFAL/article/download/RFAL0000110115A/33797 [consultado el 14 de octubre de 2013]

[5] Citado en: Arancil, M. G. (2004): Op. cit., p. 37

[6] Quirarte V. (2006): Op cit., p. 137:

[7] Armenta Okawa, N. (2004): Op. cit., p. 15

[8] Pedresa, José Manuel (2001): “Recetas para deshacerse de vampiros, diablos y brujas (el primer golpe mata, el segundo resucita)” [en línea] en Pliegos de la ínsula Barataria No. 5-6. Universidad de Alcalá: Alcalá, p. 97. Disponible: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4315738 [consultado el 14 de octubre de 2013]

[9] Como dato curioso, se documenta que los vampiros deben liquidarse con la estaca de un solo golpe. En diversas leyendas analizadas se refiere que un segundo golpe podría revitalizar o regenerar al vampiro y regresarle su capacidad destructiva. Cfr.: Ibídem, p. 103

[10] Cirlot, Juan Eduardo: (1992): Diccionario de símbolos. Labor: Barcelona, p. 164

[11] En una vasija prehistórica procedente de Persia fue encontrada la representación de lo que se supone es un hombre copulando con una vampira, la cual tiene la cabeza cortada. El erudito francés Montague Summers piensa que esta representación tuvo como finalidad la conjura de los vampiros. Cfr: Luengo López, Jordi (2013): “La erótica del terror en la figura del vampiro: Nosferatu frente a Clarimonde” [en línea] en Cuadernos de investigación filológica, No. 39 La Rioja, p. 85. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=451857647140

[consultado el 12 de marzo de 2016]

[11] Gómez-Morano, M. y Hewwit Hughes, E. C. (2013): Op. cit., p. 374

[12] Chevalier, Jean. (1986): Diccionario de símbolos. Herder: Barcelona, p. 479

[13] Arancil. M. G. (2004): Op. cit., p.66

[14] Siruela, J. (2010): Op. cit., p. 22

[15] Arancil, M. G. (2004): Op. cit., p. 39

[16] Tola de Habich F.: Op. cit.