La historia es una colección de relatos narrados por los vencedores, y en cada cuadro se refleja el rostro de un hombre, pocas mujeres lograron colocar una pintura y mantenerla intacta en la galería de la posteridad. El fenómeno no es raro, y se comprende, hasta hace unos siglos la mujer pertenecía al entorno privado de la sociedad. Ella debía ser quien cuidara la casa, los niños, el marido; su entorno era el hogar y pocas salieron y vivieron en la esfera pública, en donde los hombres tomaban las decisiones de valor.

Existieron mujeres en la política, en la ciencia y en la literatura que fueron pioneras y ayudaron a abrir el sendero para las que iban detrás de ellas; sin embargo, hay pocos estudios que demuestran cómo la crítica del momento habló de ellas, es por ello que la investigadora y profesora Leticia Romero Chumacero trata el tema en Una historia de zozobra y desconcierto, una edición de Gedisa.

En el libro trata varios aspectos desde la buena y, posteriormente, mala critica recibida hasta el ocaso de las escritoras del periodo (1867-1910). Dejo un fragmento citado en el libro, el artículo “El decantado feminismo” de la profesora Méndez de Cuenca:

Me acuerdo, con gusto, de una señorita a quien un impertinente quiso molestar en una reunión. Al presentarles al individuo desconocido, la persona que tenía a su cargo esa ceremonia hizo mil elogios del talento y la ilustración de la joven, a lo que él comentó “Una mujer inteligente es adorno exquisito en sociedad, pero inadecuada para el hogar. La verdad, yo no me casaría con una mujer inteligente”. La aludida respondió con viveza: “No tenga usted el temor de que eso ocurra, pues ninguna mujer inteligente se casaría con usted”.

Aquí pueden ver la platica que suscitó en la presentación del libro en el Espacio de Cultura Nelson Mandela, con la autora Leticia Romero Chumacero, junto con las escritoras Odette Alonso Yodú e Iliana Rodríguez Zuleta.