Melbin Cervantes (Cancún, Quintana Roo; 1991) es un hermano poeta radicado en Cozumel, Quintana Roo. Fascinado por las historias y la literatura, se inició como lector con novelas clásicas como Frankenstein de Mary Shelley, cuyo romanticismo lo llevó a nuevas lecturas como Edgar Allan Poe u Oscar Wilde, a partir de lo cual descubrió que la poesía existía también como oficio. Desde entonces, la lectura de poesía se ha vuelto parte fundamental de su vida y reconoce que todo poeta llena de posibilidades su imaginación. Entre algunos de los más memorables y fabulosos para él, y que marcaron su escritura poética, están Allen Ginsberg, Ida Vitale, Carlos Barbarito y Octavio Paz, quienes influyeron mucho de algún modo en su primer libro Las huellas que dejó el silencio (Ediciones O, 2016).

Tras a la creación de este libro, Melbin, quien cumplió recientemente 27 años, ha comenzado a tomarse en serio la escritura. Actualmente se encuentra enfocado en la narrativa, escribiendo su primera novela, la cual espera terminar este mismo año. Como poeta, Melbin obtuvo una Mención Honorífica en los concursos de poesía Flores a Cozumel 2014 y Memorias de una Isla 2015. Ha publicado en varias revistas como Bistró, Hoy lo leo, Factum y Sak-Ha de la escuela de escritores de Yucatán.
De acuerdo a sus editores, Las huellas que dejó el silencio se funda en una exploración del yo poético por medio de una serie de cuestionamientos de corte existencial, en el que, mediante la observación rigurosa, el poeta busca en el silencio una afirmación entre la violencia, la oscuridad y el caos de la naturaleza. Se resalta lo prometedor del diálogo entre la tradición y la contemporaneidad en esta ópera prima, así como la particular visión de mundo que ofrece. Yo agrego que la obra, en la que lucen espléndidamente algunas estrategias poéticas y discursivas del neobarroco, se construye por la apropiación de una sensibilidad poliforme, donde la visión de instala en medio de una turbulencia de imágenes buscando lo propio entre una rica multiplicidad de sensaciones que llegan por todos los sentidos. Se recrean paisajes aglutinantes, en donde las emociones diluyen los límites entre lo interior y lo exterior, y nombran la permanencia en la caducidad. Los versos suelen ser regulares, a veces alargados, cadenciosos, abigarrados, y en ellos se nota un trabajo artesanal de orfebre amante de lo natural en toda su diversidad, pero también dispuesto a la técnica. Se trata de una inquisición en torno a la erótica del instante, que sabe que la memoria se trastorna en la interpretación, y en la que, como todos los cuestionamientos vitales acecha, escondida, la luz de la muerte:
AQUI ESTOY
en la altura.
Vértigo / Veritas
La verdad se derrama
en la oscuridad de la caída.
Sólo la muerte sabe golpear
lo suficiente para hacernos
despertar.
Melbin acepta los elementos neobarrocos de este libro, debido a los textos de las que abrevó; sin embargo, no deja de afirmar que no se considera instalado en ningún movimiento literario y que su escritura cambia conforme el tiempo y las nuevas lecturas que conforman su discurrir en lo literario.
Melbin pertenece a una comunidad literaria joven de su ciudad, donde en los momentos especiales late el ímpetu y el amor por el oficio. Él considera que, si se continúa colectivamente en esta línea, con pasión y disciplina, se puede llegar a creaciones excelentes, y entonces Cozumel podrá presumir de buenos escritores.
Actualmente, el escritor mantiene cierta reserva en sus producciones, pues busca estar seguro de su calidad antes de exponerlas. Ha aprendido que se necesita empeño y constancia. En este sentido admira a algunos escritores como A. E. Quintero, Sergio Pérez Torres, Daniel Medina y Esther M. García, por nombrar a algunos, a quienes sigue y reconoce por su voluntad y dedicación. Él está seguro que el trabajo, para todos, tarde o temprano dará sus frutos. Que al final será solamente el tiempo el que podrá en su lugar a cada uno, incluyéndolo a él.












