MLa mitocrítica se encarga de poner de relieve las dimensiones significativas de los mitos, adoptando perspectivas que vienen de la antropología, la filosofía y la misma historia de las religiones y las civilizaciones.[1]

            Antes de señalar cómo interviene el mito en la literatura, pasemos a rescatar algunas ideas importantes que nos dan cuenta de la importancia de éste para la literatura: uno de los bienes humano más preciados. Como ya vimos en líneas anteriores, no hay sociedad sin mito; el mito describe y retrata, a partir de un lenguaje de símbolos, el origen de los elementos básicos de una cultura. Su naturaleza es totalizante. Los mitos instituyen una sociedad y como tales deben estarse reactualizando de manera permanente. Al respecto afirma May: “el mito es una forma de expresión que revela un proceso de pensamiento y sentimiento: la conciencia y respuesta del hombre ante el universo, sus congéneres y su existencia individual. Es una proyección en forma concreta y dramática de miedos y deseos imposibles de descubrir y expresar de cualquier otra forma.”[2] Hay teóricos que incluso afirmaron y afirman aún que el mito constituye una forma y vía de conocimiento, teoría muy antigua pues ya los filósofos griegos clásicos señalaron la imbricación de los modos mítico y racional.[3] A este último respecto Eliade ofreció una visión comprensiva del mito en la que lo lógico-racional y lo intuitivo-imaginativo son desarrollados al mismo tiempo; en ésta el mito con su lenguaje propio expresa un conocimiento completo y coherente, aunque éste puede deformarse[4]. Filósofos como Paul Ricoeur han señalado la importancia del mito para una seria valoración de los procesos y profundidades del pensamiento humano.[5] Los sociólogos por su parte han elaborado sus propias teorías acerca de la importancia y función del mito en lo humano: para Edgar Morin el mito es eje central del desarrollo evolutivo de los hombres, una expresión ontológica, y considera relevante la existencia de ciertos elementos mitológicos comunes a toda sociedad, mismos que interrelacionarían a los individuos con su especie. Y ya hemos referido que para la psicología el mito estructura y ordena la vida psíquica de los individuos y del inconsciente colectivo.

El mito ancestral es capaz de convertirse en todo momento, como también ya lo vimos, en un mito “literarizado”, es decir, en un texto o grupo de textos concretos que caracterizan al mito por un enfoque narrativo y un argumento propio, el cual puede ser recogido o reformulado por escritores subsecuentes[6]. Bierre Burnel traza en su teoría mitocrítica dos conceptos mitológicos: el del mito literario y el de mito literarizado, este último, el que nos compete, es aquel mito recogido de otras tradiciones, cuyas versiones originales resultan irreconstruibles, y ha sido relaborado sucesivamente dentro de la literatura,[7] como es el caso del vampiro literario. En estas escrituras, el autor busca cierta originalidad en su propia versión de un antiguo relato, mostrando empeño en acuñar con un sello personal ese material mítico tradicional, convertido ya en mero trasunto literario; lo que resulta una de las claves de la literatura moderna.[8]

El mito, en su gran capacidad fundacional, según Gilbert Durand, es capaz de determinar una historia epocal, tal como lo vimos con el vampiro literario en relación al periodo romántico-gótico que revisamos arriba:

Es el mito el que, de alguna manera, distribuye los papeles de la historia. Y permite decidir lo que configura el momento histórico, el alma de una época, de un siglo, de una época de vida. El mito es el módulo de la historia y no a la inversa. (…) El mito va por delante de la historia, da fe de ella y la legitima. El mito aparece como un postrer discurso, relato fundador (primero o último, no importa), en el que se constituye (…) la tensión antagonista fundamental para cualquier desarrollo del sentido.[9]

Desde esta idea se afirma que el mito es la primera expresión artística de la historia:

Podemos afirmar entonces que el mito es la primera expresión artística que el ser humano ha plasmado en la palabra y luego en la escritura. En efecto, los mitos de las culturas (…) fueron tomando forma en la tradición oral para ofrecer respuestas iluminadoras e imaginativas sobre la identidad del ser humano ante los enigmas de la vida y de la muerte, enigmas a los que ninguna teoría lógica puede ofrecer una explicación satisfactoria.[10]

Aquí atisbamos aún más la importancia del mito literario del vampiro más allá de una época específica. Podemos vislumbrar entonces el significado que, en su vasta riqueza simbólica, el vampiro literario conservaría para nuestros tiempos en los que la técnica no ha sido capaz de iluminar aspectos trascendentales de las preocupaciones existenciales humanas, como él lo hace.


Los dramas de los personajes míticos conectan, por lo tanto, con las inquietudes profundas de la sensibilidad vital y espiritual y contienen una dimensión de signo metafísico o de signo religioso. Los esquemas narrativos de esas historias imaginarias ponen en escena el enfrentamiento entre fuerzas antagónicas (…) que entran en conflicto dentro del alma misma del individuo humano que debe dar una orientación al significado problemático de su destino y a su relación con el otro y con el mundo. Así el relato mítico, al orientar una determinada dirección la solución de un conflicto entre fuerzas y aspiraciones antagónicas nos ayuda a entender la misteriosa identidad del alma humana y su relación con los esquemas y los arquetipos que provienen del inconsciente colectivo de la humanidad[11]


[1] Herrero Cecilia, Juan (2006): “El mito como intertexto: la rescritura de los mitos en las obras literarias” [en línea] en Cédille, Revista de estudios franceses No. 2. Universidad de Castilla-La Mancha, abril, p. 62. Disponible en: http://cedille.webs.ull.es/dos/herrero.pdf [Consultado el 6 de mayo de 2015]

[2] Citado en: Erreguerena, M. J, (2002): Op. cit., p. 69

[3] Ibídem, p.83

[4] Ibídem, p.85

[5] Ídem

[6] Herrero Cecilia, J.: Op. cit., p. 62

[7] Ibídem, p.65

[8] García Gual, Carlos (2008): “Relecturas modernas y versiones subversivas de los mitos antiguos” en Reescrituras de los mitos en la literatura: estudios de mitocrítica y de literatura comparada. Universidad de Castilla-La mancha, Albacete, p. 31

[9] Citado en: Herrero Cecilia, Juan y Morales Peco Montserrat: “La palabra permanente del mito y su rrescritura a través del tiempo” en Reescrituras de los mitos en la literatura: estudios de mitocrítica y de literatura comparada. Universidad de Castilla-La mancha, Albacete, p. 14

[10] Ídem

[11] Ídem