El íntimo jardín de mi cuerpo
alberga aún, para ti, la totalidad de sus rosas.
Para ti sigo reservando, uno a uno, los finos aromas de sus tiernos pétalos.
Blancas rosas que trasformas en rojas, flores que rozas blanca.

Este jardín posee aún
una firme fuente por corazón, que se regala en cristalina agua,
donde no anidan los moscos ni los sapos,
íntima fuente pura, fuente de pura vida.

Y obviamente, de noche, cuando apareces y mi jardín arde,
ninguna línea rompe la belleza de estos contornos.
Como una estatua suavemente detallada tengo este sueño de jardín,
nocturno monumento de olores y galanterías frescas,
de grandes y pequeñas hojas de variadas bondades,
de céspedes finos y musgos delicados.

¿Volverás a venir esta noche, amor, luna, pálida claridad,
cuando mi languidez te clama, al esencial jardín donde eres reina,
donde te ofrezco enteros mis contornos
y la pureza de mi intimidad en flor?