El vampiro de la colonia roma es una novela de 1979, escrita por Luis Zapata, la cual coincide con la emergencia de la identidad gay en México, y es considerada como un clásico de la literatura gay mexicana.[1] Se trata de una novela picaresca,[2] que se convertiría en la primera novela latinoamericana específicamente gay en ser traducida al inglés.[3] En esta novela se expresa el proceso de construcción de una nueva identidad, durante segunda mitad del siglo XX, de la homosexualidad masculina en México, que incluye rasgos que son reconocidos como propios de una sensibilidad o experiencia gay; elementos que son al mismo tiempo compartidos por otras novelas del mismo tema, como son: la experiencia marginal del mundo, la renuncia a los derechos que otorga la normalidad, el individualismo, la importancia de la belleza física, las relaciones afectivas efímeras y las cualidades de los hombres jóvenes,[4] aun cuando dichas cualidades “se expresen frecuentemente a través de un estilo, de un humor insolente o de un desprecio hacia la realidad que aparentemente no tiene nada que ver la sexualidad”[5]. Siguiendo Rodrigo Laguarda, este estilo gay

puede ser reconocido como frívolo, malicioso, sórdido, en detrimento de la lucha por la liberación homosexual, pues a mucha gente le resulta desagradable. Comúnmente, reproduce y reafirma la imagen negativa de la homosexualidad que tiene una gran parte de los lectores. Esto se debe a que el culto de la homosexualidad en la literatura es una rebelión en contra de la moral tradicional o patriarcal. La literatura gay produce una visión del mundo que resulta controvertida.[6]

Y De acuerdo con Mario Muñoz, en las formas recurrentes de la expresión de este estilo gay,

la idealización del efebo, el culto por el cuerpo, la atracción por lo sórdido, la constante búsqueda de una relación duradera, la producción de fantasías eróticas centradas en la exaltación de lo masculino, la afirmación personal mediante un estilo de vida en que se conjugan el placer y la frivolidad con la inclinación por la cultura y el arte, la omisión casi total de la presencia femenina y la exigencia de una autoafirmación, son, entre otros, los contenidos de lo que podríamos llamar una moral alterna, cuya visión de la realidad es opuesta a la consabida.[7]

La novela es el testimonio de un muchacho homosexual de nombre Adonis Garcia[8] que ha emigrado de la provincia a la Ciudad de México en busca de oportunidades y una mejor manera de vivir. La narración da cuenta de sus avatares y sus dilemas existenciales, dedicado a la prostitución en el contexto del submundo de la ciudad. El soliloquio de Adonis mira en retrospectiva, con detalle, sus aventuras personales y sexuales, que terminarán siempre en desventura. En ellas se reproduce el mundo sórdido de la prostitución masculina, con descripciones bastante explicitas de sus relaciones y su erotismo desenfrenado que desafían los roles tradicionales de la sociedad. Los personajes van descubriendo un submundo que no era visible para la mayoría de la los habitantes del Ciudad de México de la época.

            Rodrigo Laguardia piensa que la novela corresponde a un texto de transición con respecto a la emergencia de la identidad gay en México. Esto implica que cuenta todavía con elementos de comprensión de la homosexualidad más bien tradicionales, aunados a otros más modernos. De este modo, existe una fuete presencia de personajes que reproducen roles sexuales estereotipados, y que sufren rechazo dentro de la misma comunidad gay.[9] Adonis representaría un símbolo de ese momento de emergencia, caracterizada, según este crítico, por la fugacidad de las parejas sexuales, asunto que en su opinión debió de haber sido muy familiar a los lectores de la novela al final de la década de los setenta,[10] junto a otras situaciones, palabras e imágenes igualmente reconocibles, referidas a las prácticas homosexuales.

            Este ambiente de sordidez se expresa de maneras crudas y exasperadas; se trata de un ambiente exterior interiorizado en las prácticas de la misma comunidad homosexual, las cuales reproducen un heterosexismo y un discurso de vejación. Y es que es difícil para los personajes de la novela despojarse de los prejuicios y significados sexuales que prevalecen por el lugar donde viven. Ante este paisaje exterior/interior, Carlos Monsiváis pensaba que la imagen de conjunto “es de una enorme desolación”: “Un orbe regido por la cacería, la compra, la espera, el autoescarnio, la befa de los semejantes, se ajusta, queriéndola no, a las versiones heterosexuales más negativas”.[11]

Probablemente por haber aparecido en un este periodo de búsqueda de una identidad gay en México, la novela se convirtió en un éxito editorial, iniciando, según José Agustín una fuerte corriente de literatura con temática homosexual,[12] y convirtiendo a su autor en una referencia notable para la crítica.[13] Todo lo cual significó una reivindicación del homoerotismo y un parteaguas a partir del cual otros libros y autores gay fueron dados a conocer a un público amplio.[14]

La novela se construye como una supuesta transcripción de una entrevista con Adonis García, grabada en audio. Al ser así, la novela original no cuenta con puntuación. En vez de puntuación se introducen espacios en blanco, según sea el largo de las pausas representadas. La novela representa también los atropellos y muletillas del lenguaje oral conversacional, empleando un registro de palabras de uso callejero y otras propias de la subcultura gay urbana y marginal de la época. Es por ello que se han señalado las huellas esta novela tendría de la narrativa “de la Onda”, movimiento vestigial en la escritura mexicana de la época que se evidencia aquí mediante la “sublevación ante el convencionalismo cultivado en la sociedad.”[15] Aquí, como en la literatura “de la Onda”, “se expone la rebeldía del joven al romper con las reglas del buen decir puesto que diferir de modo general de hablar es tratar de no ser como los demás, es salirse de las leyes y el orden que establece un lenguaje común.”[16] Por ello la importancia del leguaje antiliterario usado en esta novela como en las de “la Onda”, elemento que uno aprecia en primer término cuando tiene la novela en sus manos.

            En general, la crítica ha favorecido a esta novela. Sólo por citar dos opiniones prestigiadas: Muñoz piensa que la novela es enfática y que, sin justificar ni probar, expone simplemente los hechos “con un naturalismo exacerbado que descubre sin miramientos, con provocativa deleitación, el mundo sórdido de la prostitución masculina”;[17] y José Blanco piensa que es un libro bien escrito y revolucionario, creador de libertades en la cultura social de México.[18]


[1] Laguardia, Rodrigo (2007): “El vampiro de la colonia Roma: literatura e identidad gay en México” [en línea] en Takwá No. 11-12. Guadalajara, p. 173. Disponible en: http://148.202.18.157/sitios/publicacionesite/pperiod/takwa/Takwa1112/rodrigo_laguarda.pdf [consultado en 12 de enero de 2016]

[2]  La pertinencia de señalar a El vampiro de la colonia Roma como una novela picaresca se revela en el título de su traducción al inglés: Adonis García, a picaresque novel; pero, sobre todo, en el epígrafe que lleva, extraído de Lazarillo de Tormes, de autor anónimo, una de las novelas picarescas por excelencia:

     
Si he decir lo que siento, la vida picaresca es vida, que las otras no merecen este nombre; si los ricos la gustasen, dejarían por ella sus haciendas, como hacían los antiguos filósofos, que por alcanzarla dejaban lo que poseían; digo por alcanzarla, por que la vida filósofa y picaral es una misma; sólo se diferencia en que los filósofos dejaban lo que poseían por su amor, y los pícaros, sin dejar nada, la hallan. Aquéllos despreciaban sus haciendas para contemplar con menos impedimento en las cosas naturales, divinas y movimientos celestes; éstos, para correr a rienda suelta por el campo de sus apetitos; ellos las echaban en la mar, y éstos en sus estómagos; los unos las menospreciaban, como caducas y perecederas; los otros no las estimaban, por traer consigo cuidado y trabajo, cosa que desdice de su profesión; de esta manera que la vida picaresca es más descansada que la de los reyes, emperadores y papas. Por ella quise caminar como por camino más libre, menos peligroso y nada triste.

               
Cfr.: Zapata, Luis (2004): El vampiro de la colonia Roma. DeBolsillo: México, p.11 Del mismo modo, cada uno de los capítulos de la novela inicia con un epígrafe de alguna obra emblemática de la tradición picaresca, a saber: El periquillo sarniento, La pícara Justina, Guzmán de Alfarache, La vida inútil de Pito Pérez, Vida del buscón don Pablos y Santa (si por una licencia podríamos considerar a ésta también una novela picaresca).

[3] Ibídem, p. 175

[4] Ibídem, p. 176

[5] Ibídem, p. 177

[6] Ídem

[7] Citado en: Ídem

[8] El nombre de Adonis nos remite el héroe de la mitología griega homónimo, un joven sumamente hermoso; tan hermoso que Afrodita, la diosa de la belleza, se enamoró locamente de él. Cfr.: Garibay K., Ángel María (1998): Mitología griega. Porrúa: México, p. 28 y 29. Así, hay en el título de la novela una inscripción de culto de la belleza masculina, lo cual, como ya vimos, se identifica en gran medida con la estética literaria gay.

[9] Ibídem, p. 180

[10] Ibídem, p. 182

[11] Citado en: Ibídem p, 185

[12] Ibídem, p. 189

[13] Ídem

[14] Ibídem p. 199

[15] Del Toro, José César (2011): “Disidencia y radicalismo: el 68 en la novela mexicana de temática homosexual” [en línea] en Inverso No. 14. California, p. 5. Disponible en https://www.csun.edu/inverso/Issues/Issue%2014/Disidencia%20y%20radicalismo.pdf [consultado el 21 de noviembre de 2015]

[16] Ídem

[17] Laguardia, R. (2007): Op. cit., p. 190

[18] Ídem

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