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El vampiro como metáfora del opresor. Parte II

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En una evolución de la metáfora, de la cual participaron escritores, periodistas y filósofos a lo largo de los siglos,[1] el término vampiro ha sido aplicado coloquial y popularmente, en la actualidad, para describir los procesos capitalistas de globalización, término éste último que viene a sustituir históricamente al de imperialismo.[2] La supremacía esclavizadora de la especulación financiera suplanta aquí a la figura personal del capitalista: el vampiro se vuelve en un ente abstracto, difuminado, deslocalizado, nómada (cambiante de escenario), instalado en terrenos de ventaja fiscal y regímenes autoritarios “que garanticen la obtención del beneficio más descarnado”.[3] Este vampirismo financiero necesita de la desregularización en provecho de la libre circulación de los capitales (la sangre de esta forma de imperialismo), la reducción del beneficio social y ambiciosas políticas de privatización.[4] Su crecimiento en los últimos años ha estado emparejado con el de las redes de crimen organizado. Es un proyecto económico internacional claramente controlado por núcleos principales en unos cuantos países del mundo, que alinean a los demás y los oprimen.[5] La consecuencia de lo anterior, es un caos creciente, a la vez causa y efecto de problemas políticos agudos e interminables.[6] El capitalismo, como el vampiro, ha demostrado una formidable capacidad de adaptación a los retos de las épocas, instalando en ellas la zozobra, la incertidumbre y la indefensión.

            De acuerdo con Reinhard FriedmAnne estas grandes organizaciones contemporáneas hacen uso de saberes vampíricos que manifiestan el otro lado de la razón técnica: un demonismo organizacional que es expresado mediante el sometimiento, la violencia psíquica y el gobierno de la vida. Las organizaciones empresariales mundiales tienen un lado oscuro manifestado en la conducta organizacional por una maldad latente, dada incluso en las sociedades más avanzadas. Al final, la vida organizacional se acerca a un caos primitivo, con rasgos inauditos o inverosímiles, donde la vida se vuelve pasional, viciosa, y cede a sus aspectos impulsivos, perversos y perturbadores. Allí se mueven energías humanas salvajes y despiadadas. Algunos aspectos de esta organización demonológica se pueden manifestar en los ambientes laborales en forma psicoterror laboral (acoso, hostigamiento y maltrato sistemático), por el cual las jefaturas y sus complicidades pueden promover el colapso y el autoexilio de un subordinado. Mediante formas sutiles de violencia como la intimidación, las burlas y las denigraciones, se anula una personalidad concebida abstractamente como un nombre, una cifra y un símbolo, y se le asesina espiritualmente. Un ejercicio del poder maquiavélico, a través del juego peligroso, el uso de estrategias de cambiantes, el compromiso de un mínimo de sentimientos y un máximo de egoísmo y brutalidad, es esencial para que los jefes lleguen a volverse ricos, poderosos y temidos. El gerente maquiavélico, al igual que un vampiro, conoce de persuasión y manipulación, de las ventajas del ofrecimiento de ganancias y de la economía de la violencia; se trata de los líderes que humillan a sus subordinados, practican el acoso sexual desde su posición de poder, hacen de la mentira y el cinismo sus herramientas de comunicación, monitorean y vigilan a su personal, llegan a extremos de narcicismo espantoso, y no dudan en destruir sádicamente a sus enemigos, no sólo simbólicamente, sino en algunos casos físicamente. En suma: según el autor, debajo de la superficie visible y racional de las grandes corporaciones actuales se esconde un mundo irracional y sin forma de energías ocultas y reprimidas, en donde convergen lo abyecto, lo siniestro, lo brutal y lo inhumano. Ambos mundos se superponen y se alimentan mutuamente.[7]

En todo este mismo orden de ideas, algunos críticos literarios han usado el arquetipo del vampiro para hablar de los rasgos de explotación económicos, políticos y sociales en ciertas obras hispanoamericanas, cuyos países históricamente han sufrido la colonización o la imposición de formas sociales y gobiernos despóticos. Y esto ha sucedido ya que, según Wayne Barlett y Flavia Idriceanu, estudiosos del vampirismo en la literatura, porque la figura del vampiro se relaciona íntimamente con la cultura en donde se instala, pues éste es un reflejo de las costumbres, creencias y miedos de su sociedad.[8] El vampiro es, pues, una figura ambivalente, que representa la articulación tensa de diferentes procesos históricos. “Su inestabilidad como arquetipo proviene del hecho de que cada cultura crea sus propios vampiros. No sólo cada cultura, sino también cada época”.

            Cortázar es el autor que mejor ha hecho esta lectura y la ha aplicado a su propia literatura. En la historieta Fantomas contra los vampiros multinacionales (1975), el autor expone con crudeza la gran capacidad de los vampiros para vivir de la muerte ajena (muerte psicológica, económica, policía o física). Allí los vampiros son las empresas multinacionales ávidas de exprimir a los países dependientes económicamente hasta pauperizarlos. Del mismo modo, estarían allí los regímenes de las dictaduras de América Latina y el gobierno de Estados Unidos que las apoyó y que también asola a estos países con su política imperialista. Los nombres de estos vampiros, en el texto de Cortázar: “Nixon y Ford, sobre todo Henry Kissinger o CIA o DIA, se llaman sobre todo Pinochet o Banzer o López Rega, sobre todo General o Tecnócrata”. En las 77 páginas de su versión original, el autor mezcla narración verbal con cómic y las actas reales de la segunda sesión del Tribunal Rusell,[9] que dictaminó acerca de la represión América Latina y en cuyas sesiones Cortázar participó como miembro activo,[10] constituyen un insólito híbrido de novela gráfica, narración verbal e informe de denuncia. Fantomas contra los vampiros multinacionales exhibe un tono más ligero que las anteriores producciones de Córtazar, haciendo uso de la ironía, y los juegos metaliterarios, despojándose de la gravedad de sus cuentos ahora clásicos, pero siendo a la vez reflexivo; estos elementos, entre los que se identifica la estética pulp y la cultura de masas, le hacen divulgar en un público amplio la condena de la intervención de la administración estadounidense en los golpes de estado en Latinoamérica de los años setenta, así como el clima de represión y violencia económica y simbólica desatados en el continente.[11] En relato termina con una posibilidad de esperanza política, a la manera de una utopía realizable.[12]

          En 2011, el escritor Eduardo Galeano, cuyo trabajo está muy relacionado con los mitos del mundo, publicó en su libro Los hijos de los días que estos vampiros a los que nos hemos referido son los “poderosos glotones que fundan y funden bancos y chupan la sangre del mundo como si fuera pescuezo”.[13]


[1] Por ejemplo, en The History of Gothic Fiction, Markman Ellis explora las polémicas en el London Journal, a partir de 1730, que desarrollan la concepción del político corrupto como un vampiro que desangra a la población. Cfr.: Gordillo, Adriana (2012): “Transformaciones del vampiro en la literatura hispanoamericana: Aproximaciones al ‘género’ en Darío, Agustini y Cortázar” [en  línea] en Polifonía Vol. 2 No. 2. Austin Peay State University: Austin, p. 89. Disponible en: https://www.apsu.edu/sites/apsu.edu/files/polifonia/e6.pdf

[consultado el 12 de marzo de 2016]

[2] Taibo, Carlos (2009): “Un vampiro de nuestros días: la globalización capitalista” [en línea]  en Viento Sur No. 100. Enero, Madrid, p. 223. Disponible en: http://cdn.vientosur.info/VScompletos/VS-100-27-taibo-unvampiro.pdf [consultado en 12 de enero de 2016]

[3] Ibídem, p. 225

[4] Ídem

[5] Ibídem, p. 226

[6] Ibídem, p. 227

[7] FriedmAnne, Reinhard (2012): “Demonología organizacional y saberes vampiros” [en línea]  en Enfoques: Ciencia política y administración pública No. 16. Universidad Central de Chile: Santiago de Chile: pp. 89-111. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3991961 [consultado en 12 de enero de 2016]

[8] Sueldo, Martín (2013): “Articulaciones históricas y vampirismo: El vampiro de Froylan Turcios y O vampiro de Curtiba de Dalton Trevisan” [en línea] en Hispanet Journal No. 6 Florida Memorial University: Florida, p. 9. Disponible en: http://www.hispanetjournal.com/Articulaciones%20historicas%20y%20vampirismo.pdf

[9] Peris Blanes, Jaume (2012): “Cortázar: entre la cultura pulp y la denuncia política” [en línea] en Estudios filológicos No. 50. Universidad Austral de Chile: Valdivia, p. 95. Disponible en http://www.scielo.cl/pdf/efilolo/n50/art06.pdf [consultado en 12 de enero de 2016]

[10] Ibídem, p. 100

[11] Ibídem, p. 96

[12] Ibídem, p. 111

[13] Galeano, Eduardo (2012). Los hijos de los días. México: Siglo XXI, p. 175