Uno de los objetivos principales como padres es que nuestros hijos sean felices, sin embargo, muchas veces nos olvidamos de que el afecto, reglas, límites claros y el ejemplo son los pilares fundamentales para formar a niños felices, ¿pero ¿cómo lograrlo en el siglo XXI?

Actualmente, nos encontramos frente a una generación que tiende a negar ser responsable, en donde se evita a toda costa que los niños sientan frustración o rechazo, donde se permite y se da libertad a toda expresión, pero realmente, ¿es el camino para hacer a un niño verdaderamente feliz?

La tecnología es uno de los factores que más ha influenciado en que los niños suelan frustrarse con mayor facilidad y que tengan menos tiempo para jugar e interactuar y así, aprender a expresar lo que sienten y ser creativos.

Por lo tanto, debemos de promover en casa momentos sin tecnología. Muchas veces es más fácil darles una tableta o ponerles una película, sin embargo, a través del juego se pueden tener espacios en donde al niño se le permita ganar y perder, aprender a esperar turnos, identificar y expresar lo que siente, hacerlos conscientes de sus errores y reconocer sus debilidades y fortalezas; lo cual ayudará a que se sientan más felices con ellos mismos, porque se fortalecerá su autoestima, serán más conscientes sobre cómo son y al mismo tiempo, se les brindarán herramientas eficaces para su vida.

Como padres, al vivir una vida acelerada y tecnológica, también somos más impacientes, provocando que con facilidad podamos perder el control y explotar al regañarlos. Sin embargo, hay que recordar, que los niños suelen responder de una mejor manera cuando reciben refuerzos positivos y no negativos.

Como refuerzo positivo, no nos referimos a premios materiales, sino a comentarios agradables y de reconocimiento.  Las opiniones de las personas que están a su alrededor son muy importantes para ellos. Los niños suelen identificarse con la imagen que perciben de sí mismos, así como con las opiniones externas; construyendo así su personalidad y autoestima.  Si nosotros, como padres, no usamos un lenguaje positivo con ellos, podemos estar influyendo negativamente en el desarrollo de su felicidad.

Cabe mencionar que lo anterior no implica evitar poner reglas y consecuencias, de hecho, si no lo hacemos, no lograrán la felicidad. Es conveniente crear un ambiente armónico, pero siempre y cuando existan límites claros dentro de él. Muchas veces los niños no saben de qué manera comportarse ya que no tienen claro “lo que se permite” y “lo que no se permite”.

Establecer diferentes límites en los distintos espacios, así como responsabilidades, hará que el niño logre autorregularse de una manera asertiva. Además, le permitirá conocer que tiene metas y deberes que necesita ir alcanzando, y así, conforme las vaya logrando, se sentirá que es capaz, generando mayor seguridad en sí mismo y, por lo tanto, un sentimiento de satisfacción.

Por lo tanto, si en casa promovemos tiempo de calidad sin tecnología, establecemos límites y consecuencias claras y firmes, así como responsabilidades y el reconocimiento positivo, estaremos logrando formar a niños más felices, con las herramientas suficientes para enfrentar el día a día. Recuerden, la felicidad no es evitar la frustración y el sufrimiento, es enseñarles que son seguros y capaces para resolver problemas y que tienen la capacidad para disfrutar.

Fuente: Psic. Regina Ojeda y Psic. Mónica Fernández, especialistas de NEUROingenia.