Lubricantes (edición de autor, 2018) es el nuevo poemario de Uriel Martínez (Tepetongo, Zacatecas; 1950), el cual está dividido en las secciones “Noche, no te vayas”, “Paisajes”, “Fukushima”, “Escenarios”, “Il poveretto”, “Los ninis” y “Mujeres rabiosas”. El título del libro viene de la idea del autor de que los lubricantes están presentes en todo momento de la vida: en el nacimiento, el llanto, desde el cambio de pañales hasta la aplicación de los santos óleos. Esta idea de la lubrificación, sutil, casi imperceptiblemente va hilando las palabras de cada poema. Las palabras se reúnen como aceitadas, y aunque sus asociaciones nos parezcan en un momento inusuales, reconocemos un hálito poético que embona el engranaje poético como en una maquinaria familiar que nos habla de una variedad de asuntos: los temas del desamor, sus nombres no revelados, los escenarios y los paisajes de la emoción, el desastre inminente, la ineludible sociedad. Todo reunido como un cuaderno de confesiones, con la esperanza declarada del autor de que se abra camino en el mundo por sí mismo. Entregarlo a la imprenta ha sido para el autor, según sus propias palabras, una especie de voluntad póstuma.

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Los versos van modulando frecuencias muchas veces impregnadas por la nostalgia o la melancolía, por la ausencia, por el casi dolor de ser humano y saberse conflictuado por el Eros y la finitud, por el deseo del amor y la confirmación de que algo importante falta en el mundo y que se hace imperativo buscarlo en la poesía. Los tonos cambian. Cambian las estructuras. De lo hermético a lo coloquial y viceversa, el vuelo poético va señalando sus propios rumbos, acorde a su propia experiencia íntima, fincando sus asideros en la intrincada complejidad del lenguaje y sus luces y sombras. En todo ello, la tradición está y no está. Porque están los muertos con los que se dialoga, (a mis muertos debo la voz, / a ellos he de ceñir la escritura; / nomás a ellos), pero se trata de hablar por sí mismo y dar cuenta de lo propio posible, lo que se realiza en el acto de la palabra y también lo que se deja fuera, pero nos construye de igual modo. Así, conviven erotismo, intimismo y sentimentalidad con la retórica de la modernidad.

El poeta recuerda escribir desde temprana edad. “Cierto es que uno no se plantea si lo que expresa por escrito tiene valor alguno, en ese momento se trata de salir del paso oportunamente, cumplir con el encargo para conseguir una calificación a fin de año”, nos dice. A lo que siguió una búsqueda de la palabra poética, inaugurada con la publicación de un poemario colectivo en esténcil para su difusión escolar (recurso de las luchas estudiantiles de los años sesenta), en la preparatoria, llamado Calinda nocturna. Posteriormente fue la búsqueda en la Universidad Nacional Autónoma de México de herramientas de análisis literario, a la par que creativas en talleres de algunos escritores mexicanos de la época.

Entre las antologías en que ha figurado su trabajo están: Asamblea de poetas jóvenes de Zaid, Palabra nueva de Cohen y Afuera de Ordóñez, las cuales dan constancia de varias décadas del ejercicio de la poesía como experiencia relacionada intrincadamente con la evolución de la vida misma. A este respecto, la lectura de poetas no ha dejado de ser un acompañamiento necesario: Cavafis, Pessoa, Villaurrutia, Cernuda, de Biedma, Merini, entre otros que se escapan, forman la pléyade referencial en la trayectoria lectora del autor zacatecano. Piensa que, aunque ya murieron, siguen vivos, y los siente más cercanos que los actuales que forman la Babel de la poesía mexicana actual, tan poblada de voces. De cualquier modo, opina el autor, los tiempos son buenos para la poesía gracias a las herramientas de difusión actuales como las redes sociales, las revistas electrónicas y los blogs, que favorecen la recepción, y gracias a los cuales ha podido darse a conocer en países como Colombia, Puerto Rico, Argentina, Estados Unidos (NY) y España, así como en el interior de México.

A los jóvenes autores de poesía, Uriel recomienda que lean sus trabajos en voz alta, que estudien a poetas en su idioma y lean en lo posible a autores en otras lenguas en sus versiones originales.

La promoción de su nuevo libro continúa con planes de presentarlo en su ciudad natal y en ferias del libro en el norte del país. Pueden comprarlo en librerías Gandhi y El Sótano de la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, y en Profética en Puebla. Aunque también pueden pedirlo personalmente por medio de Facebook y podrá enviarlo firmado.

Va un poema de muestra.

CANICAS

Sé que marcas a casa cuando
no estoy, cuando sabes que salí.

Sé también que si dejo la máquina
en on permaneces mudo.

Admite que llamas para oír mi voz
o para que yo escuche tu silencio acezante.

Te reconozco cuando llegas a la cuadra
y tiras canicas a mi ventana.

No calles y reconoce que abandonas
botellas de sotol vacías por allí cerca.

No me digas que alucino, que
eres feliz con los tuyos, que fuiste
producto de mis fiebres.