Aun cuando el vampiro es una figura literaria relativamente poco frecuente en la tradición latinoamericana, su figura no ha dejado de usarse como metáfora de la explotación y la opresión social de la gente, en una latitud geográfica en la que el cacicazgo, las dictaduras y la opresión política y económica han sido temas importantes de las literaturas nacionales.

            Ya Voltaire, en su Diccionario filosófico comparaba a los vampiros con los agiotistas, mercaderes y gentes de negocios, a los que consideraba los verdaderos chupadores de humanos; que no estaban muertos, sino corrompidos.[1]

            Esta lectura del capitalista y también tirano como un vampiro puede rastrearse hasta en la misma obra de teoría económica-social El capital (1867) de Karl Marx y Federico Engels. Allí encontramos una frase que ha dado a pie a la crítica del mito vampírico de tipo sociológica: “El obrero no es ningún agente libre y su vampiro[2] no cesa en su empeño, mientras quede (…) una gota de sangre que chupar.”[3] A este respecto Silvia Carnero ha elaborado un artículo en el que rastrea las referencias a este mito ancestral en dicha obra, conjeturando que su presencia en ella como ilustración de un comportamiento capitalista se debe a la influencia del idealismo alemán y el espíritu romántico que permeaba en la época en que fue escrita esta paradigmática obra.[4] Según ella, Marx y Engels han empleado el mito vampírico como medio para realizar la crítica al capitalismo y sus efectos: el capital, al igual que los vampiros, es un monstruo, una presencia de carácter excesivo, poderoso y trasgresor que sustituye un orden natural, en este caso el de la sociedad precapitalista.[5] Al igual que el vampiro, el capitalismo “posee un instinto ciego y desesperado de saciar su apetito a cualquier costo, por lo tanto, no cesa de succionar trabajo excedente de sus víctimas, los proletarios.”[6] En esta voracidad, la crítica encuentra un componente metafórico de tipo erótico o sexual, sobre todo cuando Marx habla de “los tiempos orgiásticos del capital”.[7] El capitalismo, así, se emparienta con la depredación del vampiro, que no respeta inocencia alguna: “El capitalista construye sus sueños sobre la vida de los proletarios y con relación a ellos manifiesta la misma depravada actitud que el vampiro: ‘estos patrones [habla de la industria de la seda] se pasarán estrujando seda durante diez horas diarias de la sangre de unos miles de niños pequeños’”,[8] “Todo  lo obtiene el capitalista sin el menor esfuerzo físico ya que se enriquece del esfuerzo ajeno, el del niño o el de un adulto.”[9] [10]

            La explotación se lleva a cabo entonces en un espacio simbólicamente nocturno: la pauperización llevará a sus víctimas a una vida sombría y lúgubre, a causa del cansancio y la condiciones físicas de extenuación, borrando una legítima distinción de la vida en tanto libertad, trasformando su existencia en una oscuridad de esclavitud, que en muchos casos significa la muerte.[11] Es indiscutible, según la lectura de Carnero, que para Marx y Engels el capital es la personificación del mal, ya que Marx habla de que el proletario “debe defenderse contra la ‘serpiente’ que lo atormenta”[12]. Su conclusión es que se puede advertir un sesgo de idealismo y de crítica romántica a la sociedad burguesa en el pensamiento racionalista, científico y materialista de El capital. Para Marcos Neocleous, la metáfora del vampiro es particularmente pertinente en este contexto económico, pues se refiere a una dominación de lo muerto sobre lo vivo. Haciendo referencia a una de las creencias populares, aunque irracionales de su tiempo, Marx utiliza la figura del vampiro

para ilustrar una de las dinámicas centrales de la producción capitalista, la distinción entre trabajo vivo y trabajo muerto[13], una contraposición que hace referencia a un tema general en su obra: el deseo de crear una sociedad basada en la vivencia de una vida plena y creativa en lugar de una fundada en el imperio de los muertos. Cuando escribe para los lectores habituados y embebidos de los motivos centrales de la literatura popular, Marx lo hace invocando a una de las metáforas más poderosas para transmitir la sensación de la naturaleza atroz del capitalismo: su afinidad con la muerte.[14]   

Engels por su parte, en su trabajo individual El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) emplea el mismo término de vampiro para referirse a los usureros que en la antigua Ática se apoderaban de los terreros de los campesinos que no podían pagar sus hipotecas y a la postre podían apoderarse de la misma vida del deudor, tomándolo como esclavo y vendiendo a sus hijos.[15]

            En México, la crítica de estos dos pensadores influyó en el anarquista Ricardo Flores Magón que en algunos de artículos periodísticos usa la misma metáfora del vampiro que no ha tenido “una mirada de compasión para con los pobres”[16]: “El capital no tiene corazón (…) Tiene        garras y tiene colmillos.” “El capital os bebe la sangre y trunca la vida de vuestros hijos”[17]. Estos vampiros son identificados por el autor en su época con la bolsa de valores de Wall Street y los empresarios norteamericanos.[18]


[1] Voltaire (2002): Op. cit., p. 454

[2] Se refiere al capitalismo.

[3] Carnero, Silva (2003): “Marx y el mito vampírico” [en línea] en A Parte Rei No. 29. Madrid, p. 1 http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4143710 [consultado en 12 de enero de 2016]

[4] Ibídem, p. 4

[5] Ibídem, p. 2

[6] Ibídem, p. 3

[7] Citado en: Ídem

[8] Ídem

[9] Ídem

[10] Si se explora el texto de Marx y Engels podrán encontrarse más referencias al tema del vampiro: “el capital es trabajo muerto que, como un vampiro, vive sólo de chupar trabajo vivo, y cuanto más vive, más trabajo chupa”. Aunque algunas de ellas no sean explícitas: el capital “chupa la fuerza creadora del trabajador y está chorreando sangre”, los talleres de encaje que explotan niños son nombrados como “chupasangre” y la apropiación del trabajo se describe como “sangre vital del capitalismo”. Este análisis puede ampliarse a otras obras de Marx para comprobarse que el tema del vampiro como metáfora del explotador recorre toda su obra. Y así es evidente que la metáfora y sus connotaciones juegan un papel clave en muchas de sus formulaciones. Eso es posible debido a que ya en siglo XIX la representación de los capitalistas como vampiros era común en la literatura popular. Neocleous, M. (2013): Op. cit., p. 2 y 7

[11] Ibídem, p. 3 y 4

[12] Ibídem, p. 4

[13] Con esto se refiere al autor al trabajo excedente que resulta luego de haber producido lo suficiente para satisfacer las necesidades del trabajador, el cual se acumula como un fetiche en forma de mercancía; fetiche cuya esencia sería la de la participación de lo humano en el reino de lo muerto.

[14] Neocleous, M. (2013): Op. cit., p. 10

[15] Engels, Federico (1971): El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Claridad: Buenos Aires, pp. 111 y 112

[16] Flores Magón, Ricardo: Antología. Universidad Nacional Autónoma de México: México, p. 102

[17] Ídem, p.85       

[18] Ídem, p. 45