No sé si psicosis ya
o el límite de la personalidad:
estas ojeras en torno a la pupila quebrada
de tanto llorar, nomás por no más;
estas ganas de azotar mi carne, de ahorcarme,
de correr tan rápido
y desaparecer, de una vez.

Lo quise para mí;
conjuré a las potencias. Ahora soy mi deseo:
cresta a donde sube mi raza olvidada conmigo,
boya a donde emerge el apellido de los míos.
(Tener más cuidado con lo que se desea.
Algo escucha.
¡Lo estoy pagando!)

No sé si demencia si tengo 22 años…
¡Y aún debo tolerar tanta vida!

(Aceptar el trato por el que se entregó el alma:
ser una pila de libros más
en la penúltima galería
de la biblioteca del mundo.)