La vida se llena sólo de actos inútiles,
de correspondencias fugaces sin sentido.

Es necesario inventarnos siempre un rumbo, una excusa.
No basta merodear los alrededores
con enormes máscaras de hipocresía.

Se vive desgastando el asombro, los sentidos.
La fe se nos viene abajo
como el cilantro cuando se marchita.

Si sorprendemos nuestra fecha al deshojar el calendario,
no hay razón por motivarnos:
la celebración es estúpida.

Los antidepresivos se toman durante el día.
Los antipsicóticos por la noche.

Pero si uno muere –sólo si uno muere–,
el que lo amaba puede agradecer
y entonces rogar por su descanso.

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