Supongo que el girasol sabe
lo que se siente todo esto.
(Esto: vivir esclavizado en los días a un sol que tanto duele y,
por la noche, sumergirse con pánico en la tiniebla cuadrada.
Y lentamente marchitarse,
mientras desfilan uno a uno los atardeceres sin regreso
de un destino –el propio– incomprensible.)
