Presentamos esta prosa, este relato intimista de Lucía Contreras, del estado de San Luis Potosí, en el que nos adentra a un mundo personal en el que la compañía aparece como esa luz que va iluminando los días y la noche.

SIEMPRE ACOMPAÑADA

Y de pronto me di cuenta que de un tiempo para acá mis hilos y agujas, mis flores, mis especias, la canela, el eneldo, el agua, las teclas de mi computadora y el chocolate caliente, se convirtieron en mis mejores amigos.

Cuando me reunía con cada uno  de ellos era todo un gozo y un deleite, sentía como si me sentara a beber un café y hasta un tequila acompañado de muchas confesiones, de muchos sentimientos gigantes, y podía  ser yo, así, tal cual, en toda su máxima expresión.

Cuando me tocaba entrelazar mis hilos con mis agujas, a ellos les platicaba todos mi sueños locos. Cuando me reunía con mis flores, ellas me acompañaban a ver el amanecer, las especias me aromatizaban toda, siempre acompañándonos mi playlist, mis canciones, mi música, mis otras amigas.

                     Y cuando concluía el día
                     al anochecer llegaba mi
                     Ángel sin alas

el consentido de todos y a él le platicaba de todas mis amistades raras pero que amaba con todos mis sentidos, de ese loco placer  de compartir con ellos y, entre platica y platica, poco a poco me iba quedando dormida, hasta el día siguiente para reencontrarme otra vez con mis amistades.

La autora

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