1
Abrázame con la camisa llena de sudores.
Y déjame sentirme extraviado
adentro de mis ojos, en el negro profundo,
donde la única luz sea ésta, incompresible, amada luz
que dicta los latidos de mi entraña: tú.

2
Llévame a tu casa. Y átame allí a tu mástil
sin dejarme oír nada más que tu voz.

No quiero reconocer más tacto que el tuyo.

Hechízame con un cántico de centellas.
Aliméntame de racimos morados y saliva.

3
Yo he de acudir siempre a tu llamado de urgencia.

Magma sonoro cuajado de dulces mortificaciones,
muéstrame tus atributos.
Cerveza para la sed de este viajero,
entrégate ya.

4
Soy algo que tiembla bajo tu nombre.
Soy quien pondría el jarrón de tus almíbares
en la copa del árbol más alto, una cascada
de plumas líquidas queriendo detenerse en tu ombligo.

Tú eres el goce natural y regalado
del baño tibio y la succión del pene.

5
Hagamos de la tarde confeti
y que éste llueva en cada celebración de las horas.

Ensayemos en todas las posiciones el amor:
que siempre sea el encuentro
y jamás la despedida.

Siempre un nuevo encuentro de fulgores
sobre las zonas aún vírgenes de la piel.