Nunca imaginé la lluvia sobre este declive.
Llueve, está lloviendo para siempre.

Cada grano se ha perdido, se ha perdido el maíz amarillo,
se han ahogado nuestras bestias en el lodo.
La esperanza gime, agónica, en el fondo de un abismo turbio.

Nada sino la persistencia de la ruina.

Los vientos arrebataron nuestro techo
y duermo sobre madera mojada.
Para siempre las cunas están vacías.
Nunca más la clemencia del fuego,
la indulgencia de la mañana limpia,
la certeza del mañana cercano.

Nada sino gotas duras sobre esta morada devastada.

Amor mío, cruel consuelo
es que no sientas esta peste de animales muertos,
y que con esa mirada alejada no veas a nuestros hijos
flotando sobre ríos imponentes y eternos.