Mundo estéril y de piedra sorda,
tan sólo materia compacta.
Cielo oscuro de polvo donde un hombre suspende un guijarro,
que no ilumina ningún espejo opaco,
que no circunda la bondad de la nube.

Mundo donde un hombre camina en línea recta
y sin detener la marcha
regresa a su desolado punto de partida.
Solo un hombre sentado en un triste islote,
a mitad del abismo. Nada sino un peñasco antiguo
que no viste la esperanza del musgo.

Mundo donde un hombre desfallece y cae
sobre el afilado regazo de la roca indiferente.