Insignia del engaño y la lujuria, como cizaña se erigió para retar el orden. Con la punta de su lengua hendida tentó a Eva, y la piel le erizó de sexo. Su regalo al hombre fue el ojo abierto a la vergüenza, la ciudad de muros alzados, las matemáticas del Diablo.
A la mujer inocente la hará menstruar o le robará la leche del seno. Y la que ama al Diablo deberá introducirla en su vagina, para que se retuerza allí, como en la sombría cueva de su predilección.
Quien sea mordido por ella no encontrará la senda de regreso a casa.
Como en el caso del hombre, una nunca encuentra verdaderamente a otra. Su maldad se prueba en que son exclusivamente carnívoras y sordas; en la mudanza de su piel. Repta como la envidia que hiere con sus colmillos; como el deseo que envenena al corazón. Abraza como la muerte.
La serpiente cerrada es el hombre: círculo vicioso capaz únicamente de encontrarse a sí mismo en el desierto del mundo.











