Desde la llegada de Checo Pérez a Redbull en 2021, la presencia del equipo de F1 y su piloto consentido, Max Verstappen, comenzaron a tomar gran relevancia dentro de nuestro país, comenzando así una complicada relación que pronto fue víctima del desencanto.

No era ningún secreto que el equipo tenía una genda centrada completamente en Max Verstappen, priorizándolo en todos los ámbitos, desde lo técnico, financiero, recursos humanos e incluso llegando a estar prácticamente por encima de la marca y la empresa de las bebidas energéticas, algo que años más tarde precipitaría la caída del imperio formado por Helmut Marko y Christian Horner.

Checo llegó a este complejo entorno, y comenzó una relación odio inmediata entre el equipo y la afición.

La noticia de la llegada de Checo a Red Bull fue adelantada por Alberto Tello de Meneses y su equipo de Percepción Pública y Prime F1, y a través de decenas de análisis en vivo, Alberto se dedicó a diseccionar todo aquello que el periodismo especializado en F1 es hasta la fecha incapaz de hacer: presentar un análisis real, profesional y metodológico para comprender los distintos fenómenos que se estaban presentando en la carrera de Checo y su coyuntura junto al equipo del toro rojo. El resultado de los análisis era claro: Red Bull estaba explotando dos aspectos de Sergio Pérez de una manera bestial y poco ética: su carisma y su capacidad para desarrollar autos. Sin embargo, fuera de lo económico, el piloto mexicano no estaba siendo retribuido ni en su imagen personal ni en su carrera deportiva. De hecho, comenzó a delapidar su capital reputacional y sus alternativas deportivas.

Max Verstappel había ganado poca cosa antes de la llegada de Checo, y a pesar de ello, ya tenía a todo un equipo girando en torno a él y gozaba del segundo mejor salario de la F1. La realidad es que los éxitos llegaron de la mano del equipo mexicano, aunque los compromisos económicos y en muchas ocasiones la simple miopía, impidiera a los medios a entenderlo y diseccionarlo, replicando como loros la narrativa creada desde las oficinas de PR de Red Bull: Max es solo manos, no influye en nada tener a todo un equipo girando alrededor de él, que el segundo garage se haya desmantelado de talento y capacidades reales para quitarle la presión de tener que competir con su compañero, que fusionaran el rol de jefe de ingeniería e ingeniería de carrera en Gianpiero Lambiase, teniendo una clara ventaja en términos de data disponible y decisiones en tiempo real.

Solo que misteriosamente en los años previos, Max no recordaba cómo manejar, y se la pasaba chocando el auto, o simplemente no pudo contra Daniel Ricciardo (hasta que le quitaron a su equipo de ingeniería empezando por Simon Rennie, para que dejara de ser competitivo y Max no se estresara luchando con él). En cuanto Checo llegó y comenzó a desarrollar el auto, mágicamente los resultados empezaron a llegar.

Habrá en este punto muchos despistados que dirán: ¿Y si Checo desarrolló el auto por qué tenía malos resultados? Y el punto es que los aprendizajes y el feedback que el mexicano otorgaba no eran usados en su beneficio, como reconoció recientemente el propio Christian Horner. Lo que ocasionaba que Checo siempre comenzara fuerte, pero conforme las actualizaciones iban llegando, su garage era completamente incapaz de hacer el trabajo necesario para que el auto funcionara para Sergio, lo cual es una gestión de resultados clara impulsada desde la dirección del equipo.

Y bueno, ¿cuál fue el resultado de esta relación abusiva entre el equipo y Checo? Que Max no lograba conectar con el público. Helmut Marko ironizaba con el tema, burlándose de que Checo era campeón en vender gorrar, mientras que las de Max tenían que regalarlas ¡aun en su Gran Prmeio de casa en Países Bajos!

Por ello, tras el relevo generacional en la dirección global de Red Bull con Dietrich Mateschitz, se tomaron cartas en el asunto, y se decidió prscindir de los tóxicos servicios de Helmut Marko y de Christian Horner, aún y con todos los campeonatos de Sebastian Vettel y Max Verstappen a cuestas. Y de hecho, algo de lo que casi nadie habló: también se fueron Paul Smith, director de comunicaciones, y Oliver Hughes, Chief Marketing Officer, las cabezas de las tóxicas narrativas que eran el pan de cada día en el equipo, tirando fuego amigo al segundo garage para poder estar todo el tiempo en las conversaciones y los encabezados.

Y ahora, como parte de la nueva estrategia de comunicación de Red Bull, el equipo busca capitalizar los cuatro campeonatos de Max posicionándolo de mejor manera ante las audiencias, y es aquí donde retoman la manipulación mediática: El Chestappen.

El Chestappen no existe, es una construcción artifical de los expertos en relaciones públicas, con el objetivo de que el gris y malhumorado Max Verstappen utilice el carisma de Checo para posiconarse ante las audiencias, esto a través de un lobo vestido de oveja: cuentas de redes sociales e influencers vestidos con la bandera de ser fanáticos de Sergio Pérez, pero que en la realidad todo el tiempo están posicionando a Max con la excusa del inexistente “Chestappen”.

Me queda claro que la estrategia funciona, pues muchos mexicanos hoy en día son los principales defensores del piloto de Países Bajos, mientras que desprecian y atacan todo el tiempo a Sergio.

No es un tema de nacionalidades, es un tema de estrategia. No seamos ciegos ante la manipulación. Haz patria y educa a quién se tragó el cuento del “Chestappen”.