Toda gente está condenada.
Por una ancha pista de patinaje
se avecina el desastre.

Le gente es sucia:
porque el ángel, cortado de las alas,
solo puede revolcarse en el fango.
En todos lados, sin caber,
es un ejército sumiso
a la doctrina de la muerte.

La gente ama sólo la materia,
como a una momia. El cabello contaminante
del panadero celestial
fue dejado a propósito en la masa.

La gente cocina sus tragedias caseras
con humillación ajena.  
Y la olla estará un día más, más cerca
del loco silbido con que explota
la presión soterrada
con todo lo conocido.