Home Cultura Arte Entrevista a Ángel Fuentes Balam (y galería de su trabajo)

Entrevista a Ángel Fuentes Balam (y galería de su trabajo)

0

Ángel Fuentes Balam (Mérida, Yucatán; 1988) Director de Teatro, escritor, actor. Egresado de la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Profesor de Teatro en Centro Cultural El Claustro, Campeche. Director y productor de las obras: El ventrílocuo, de L. Tremblay, Riñón de cerdo para el desconsuelo, de A. Ricaño, El nacimiento de mi violencia, de Marco Canale, Coctel Molotov de Gabriela Román; Nada, adaptación a la novela de Janne Teller, Melodía tu engranaje quieto, Ramona mató un par de aves, Parturientas y Cógeme antes del abismo de su autoría. Ha sido actor de diversos montajes que van desde el performance, teatro de calle, didáctico, clásico, realista y siglo de oro. Es autor de los libros: Melodía tu engranaje quieto, Editorial El drenaje, Cruóris o la rabia que fuimos, Libros en Red y Devoré el cráneo de Eros, Ediciones O. Ha publicado cuento, dramaturgia y poesía en diversas antologías y revistas a nivel nacional e internacional. Productor y director de Buqueic: muestra de performance y literatura erótica de autores mexicanos.

*

1.- ¿Cómo relacionas tu pasión por el teatro con tu escritura poética?

Cuando llegué al teatro, fue por la necesidad (el sueño) de crear historias vivas, eventos de ficción que no se quedaran en el papel. Ya al estar involucrado en la carrera escénica, me di cuenta de que no había (o no debía haber) división entre ambas. Creo que, cuando estoy trazando una obra o escribiéndola, no puedo escapar a mi vena poética. Y resulta que esta hibridación me ha resultado. La segunda obra que llevé a escena fue basada en mi poemario Melodía tu engranaje quieto. Era una pieza interdisciplinaria donde le pedí a los actores, bailarines y performers que tradujeran mis versos según su disciplina. El resultado fue grato y satisfactorio. Lo presentaba como poesía escénica, y desde ello siempre tengo presente que cada movimiento en escena debe ser medido y preciso como un verso.

2.- ¿Qué es lo que más disfrutas de dirigir una obra de teatro?

La sensación de estar creando algo vivo. Algo que resuena en el cuerpo y la mente del actor y que, desde afuera, se refleja como una emoción potente. Eso que un maestro llamaba: “momentos mágicos”. Aunque suene cursi, son esos momentos donde se logra la armonía: gesto, trazo, voz y emoción. Siempre tengo la sensación de estar dibujando en un papel oscuro, al momento de trazar el movimiento. Me parece increíble cómo una mirada, un paso, una palabra, pueden imprimir tanto poder a una escena. Y ahí es cuando algo vive. Llegar a esa fineza, a esos detalles que el espectador no percibe, casi a nivel subliminal, es lo que me fascina. En uno de mis últimos montajes lo he experimentado: ver a una actriz sobre una estructura de dos metros, hincada, desnuda, mirando algo que el espectador también recibe: crear esa imagen de la indefensión y la compasión… Para eso dirijo.

3.- ¿Qué importancia le das a las redes sociales y a las publicaciones electrónicas para la difusión de tu trabajo artístico?

Han sido una herramienta eficaz y determinante, en ocasiones, para la difusión del trabajo. Con la posibilidad de pagar publicidad, abrir páginas para grupos artísticos, teniendo el factor de compartir la información, son una plataforma contundente para publicitarse. La facilidad de compartir los archivos es de gran ayuda. En cuanto los libros digitales, existe la posibilidad de que mucha gente descargue la obra; lo mismo ocurre con revistas literarias. Puede leerte gente de muchos sitios, y contar con la practicidad de contactarte. Incluso en algo tan informal como la página personal. Gente que sigue lo que escribo. Nunca olvido, por ejemplo, lo que me dijo un maestro alguna vez: “Una amiga te está leyendo, le ha gustado un poema tuyo. Es doctora en letras.” Nunca sabes qué tanta gente te lee o se entera de tus eventos. Me ha funcionado.

4.- ¿Cómo describirías la escena teatral de tu ciudad?

Mérida es uno de los Estados donde se produce más Teatro. Lamentablemente, los apoyos y las becas se han monopolizado en reiteradas ocasiones. Existen muchísimo amiguismo, palancas, influencias. A pesar de ello, mucha gente realiza obras, propone visiones distintas. Jóvenes de otros estados, miran a Mérida como un foco cultural importante: lo es. Hay buena proliferación de grupos de teatro. A veces, demasiada. No existe un filtro preciso (ni limpio de influencias) para determinar qué obras tienen una calidad depurada y cuáles necesitan trabajarse. Con la creación de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, muchísimos jóvenes engrosan las filas de la escena estatal. Lo triste es que, la mayoría de las veces, sólo son epígonos de grupos ya consolidados. Como productor y director independiente, en “Perros que parecen laberinto” hemos conseguido tener presencia y apoyos con obras en las que realmente creemos.  Es un trabajo arduo, además de optar por obras de dramaturgia original. Existe, y somos el ejemplo de eso, la capacidad de crear el propio trabajo.

5.- ¿Cómo tu experiencia publicando con Ediciones O?

Cuando Daniel Medina, director de Ediciones O, me invitó a publicar, no dudé. Conocía a Daniel desde antes, pues había reseñado uno de sus libros. Somos además hijos de la misma escuela: CEDART. Creo que es un chavo movido, cree en su trabajo y va creciendo. Por falta de fortuna, las ediciones digitales no cuentan con la proyección esperada, y no hay medios de producción para impulsar a los autores. Pero todos los que hemos participado lo entendemos. Autores como Balam Rodrigo y Adán Echeverría, escritores con más trayectoria, han apoyado a la casa editorial. Cuando presentamos Devoré el cráneo de Eros, mi libro editado por él, lo hicimos en una modesta presentación, siempre aderezada con elementos teatrales. Estuve satisfecho. Fue una grata experiencia y un apoyo mutuo.

6.- ¿Cuál es tu género teatral favorito?

Como actor, la comedia. Como autor, una mezcla grosera entre la pieza, la tragedia y la farsa. Como director, la farsa.

7.- ¿Cuáles y cuántas obras teatrales has escrito?, ¿Cuál de ellas es tu favorita y por qué?

He escrito varias obras cortas que andan publicadas por ahí en varias revistas, compiladas en un libro que nadie me quiere editar. Además de las más recientes. Algunas son La huida, que habla de la separación física y emocional de una pareja; Cuatro mangos, una farsa fabulesca sobre la filosofía existencialista; Claustrofilia, publicada en una antología, primer lugar de un evento de “Dramaturgia express”, una comedia surrealista sobre los traumas; Ramona mató un par de aves, un monólogo que sirvió como teatro de emergencia para adolescentes que sufrían de Cutting; Parturientas un unipersonal sobre la violencia obstétrica; Cógeme antes del abismo, una obra sobre la violencia, el erotismo, lo traumas y la misantropía; Ayahuasca, sobre una banda de rock fracasada. Además de varias sueltas y regadas por ahí.

Mi favorita, curiosamente, es una inédita y no montada, llamada Ariadne soñará mantarrayas. Creo que es lo más comprometido y complejo que he escrito. Está basada en el mito griego del laberinto del minotauro, un mito que para mí es esencial.

8.- ¿Cómo calificas, como becario, el programa del PECDA de tu estado?

Es práctico y eficaz. Pero los pagos tuvieron retrasos importantes. Hay poco cuidado de los proyectos y no hay seguimiento de los mismos por parte de la Secretaría. Aunque eso representa una enorme ventaja para flexibilizar fechas y temas.

9.- ¿Cuál es tu idea de la poesía?

La Kafkiana: debe ser un hachazo que te parta el cráneo. No debe buscar la complejidad, el aparato. Debe ser honesta y venir de las entrañas. Eso se percibe. El poema debe vibrar en los huesos, y, como decía Bachelard, hacerte retornar a la misma infancia, al origen de tus miedos.

10.- ¿Cuáles son los poetas que piensas que han influido en tu trabajo poético?

El primer poeta que me rompió los huesos fue un “maldito” mexicano: Felipe Guerra Castro. Muy poco conocido. Tuve que buscar tesis sobre su trabajo para conseguir leer su obra. Tenía 10 años. Y su poema “Delirio” me destrozó. Además de él, un sinfín de escritores. Creo que de quienes más he bebido han sido: Oliverio Girondo, Vladimir Holan, Jacques Prévert, Gottfried Benn, Charles Bukowski, Ginsberg, mi amado López Velarde, Salvador Díaz Mirón, el monstruo Quevedo, José Asunción Silva, Carmen Mondragón, José Gorostiza, Walt Whitman, Herman Hesse…


11.- Como diseñador y controlador de espectáculos teatrales, ¿cuáles son tus talentos personales más destacados?

Creo que he intentado ser muy paciente para lograr la escena justa, lo más cercano a algo “perfecto” dentro de los parámetros del montaje. También considero que tengo una necesidad fuerte de hacer salir a flote la mayor virtud de los artistas con los que trabajo. La motivación (aunque personalmente no) para afrontar el trabajo también es un talento que siento poseer. Intento extraer lo mejor posible la carne de la escena siendo flexible y buscando la precisión máxima.

12.- ¿Cómo te describirías como teatrero?

Terrible, no respeto nada. Lo que más me importa es que sucedan cosas en el escenario. No soporto algo superfluo, decorado, tibio. Prefiero el error a la repetición mecánica o a las ínfulas de histrionismo. Aunque suene a cliché, gran parte del tiempo detesto hacer teatro. Lo de afuera: producir, gestionar, publicitar, vender. He tenido que hacerlo porque he conseguido las cosas solo; pero es algo que no soporto. Sigo siendo kafkiano: tiene que ser un golpe mortal para el espectador lo que hago. Y realizo cosas que nadie más pueda (o se atreva a) hacer: si esto que hago lo puede replicar otro: ¿para qué coño hacerlo?

13.- ¿Cuál es tu visión de la antología Karst: Escritores de la península yucateca en 2016?

Al trabajo de Adán Echeverría, le debo mucho. Fue mi primer editor. La primera persona que creyó en lo que hacía. Esta antología, también editada por Mario Pineda, buscaba dar voz a escritores que no formaban parte de los grupos consolidados de Yucatán: los que somos periféricos, los que nos rascamos con las uñas propias. Es un proyecto maravilloso que reúne a ganadores de premios estatales y nacionales, autores ya publicados, autores que recién empezaban y a otros, ya consolidados. Adán siempre ha luchado por impulsar carreras y vaya que lo ha hecho. Karst fue un proyecto rechazado por la Secretaría y el Ayuntamiento. Así de cerrados están los círculos. Pero nosotros la compartimos e hicimos lecturas para promoverla.


14.- ¿Consideras que el gobierno de tu municipio hace lo suficiente para la profesionalización y difusión del teatro?

Existe la Escuela Superior de Artes y muchas convocatorias, premios y foros. En ese aspecto, apoya; pero no es suficiente. No hay ingresos dignos, no hay planes para artistas independientes. El enorme lastre que da el gobierno es la gratuidad y la pésima paga que da en los festivales. No hay condiciones óptimas. No hay filtros, como dije. Al poder le importan los números.

15.- ¿Cuáles son tus poemas propios favoritos?

“Galateo”, publicado en Cruoris o la rabia que fuimos. Un poema donde me enfrenté a lo que era y ya no. “Ariadne Boreal”, publicado en alguna revista de España. Es un poema de larga extensión, dado que admiré siempre esos poemas monumentales: “Muerte sin fin”, “Canto a un dios mineral”, “Aullido”, “Canto a mí mismo”. También me gusta una serie llamada “Tríada del fracaso”. “Fénix”, “Fracaso de Príapo”, “Quemar Velas” y uno dedicado a mi hija: “Ariadne Oceánica”.

16.- ¿Qué opinión te merece la escena literaria actual de tu estado?

Yucatán ha sido cuna de grandes autores y creo que las generaciones actuales no son la excepción. Hay carencias a nivel estatal, en las plataformas y publicaciones. El Estado no tiene control sobre ello, parece que no le importe. No existe un fondo editorial. Se intentó y yo publiqué en una edición, pero desapareció. Lo  más notable ha sido la proliferación de la escena alternativa.

17.- ¿A qué poetas mexicanos contemporáneos admiras?

Grandes influencias para mi trabajo fueron Pedro Serrano, Fernando Sabido, por su gigantesca labor de compilar tantos poetas, en su espacio en la red: “Poetas del siglo XXI”. Y aunque no fue mayormente poeta, el escritor Livingston Vaught, particularmente en su novela “Tríptico Erótico”.

18.- ¿Puedes hablarnos de Buqueic? ¿Qué cosas han pasado allí?

Bajo la marca de mi Teatro independiente “Perros que parecen laberinto”, comencé a organizar el evento: Buqueic nació para dar voz a autores no leídos dentro del panorama del Estado. Sobre todo a los que se movieran en los terrenos más jodidos y pútridos a nivel temático: lo pornográfico, lo cachondo. Nació por una ocurrencia mía, y por las ganas de provocar algo. Lanzando una convocatoria por medio de redes sociales, convoqué a escritores locales (para que leyesen su trabajo), a lectores (quienes desearan contribuir prestando su voz a los textos recibidos) y a autores fuera de la región que deseasen enviar su colaboración para ser conocidos en esta tierra. También se convocó a quien quisiese participar con acciones escénicas breves para habitar el espacio y transformarlo. Con el tiempo participaron muchos colegas del teatro y luego se sumaron artistas visuales. Es un evento de performance, lecturas, escenas, con motivo del arte pornográfico e incorrecto.

Nació como una respuesta a las presentaciones literarias, aburridas y protocolares. Esas que sólo son para unos cuantos. Buqueic le da cabida a todo aquel que quiera leer algo que haya escrito. Ha habido una magnífica respuesta de la gente y de artistas invitados.

19.- ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Tengo cuatro proyectos activos: una obra de mis alumnos, en Campeche: “Nada”, adaptación de la novela de Janne Teller. “Parturientas”, proyecto que se retomará el próximo 2019. “Cógeme antes del abismo”, una obra con un gran éxito en su temporada inicial, bastante polémica y repudiada por muchos. Y, a la fecha que escribo esto, estrenaré en unas semanas: “Humona” una obra basada en el cuento de Kafka “Informe para la academia”. Además, he vuelto a escribir poesía y ando armando un poemario; y, por supuesto, mi novela que jamás termino.

20.- ¿Qué es lo más difícil de enseñar teatro?

La duda. Esa duda que no deja de estar en la cabeza: ¿Estaré en lo correcto? Porque sabes que tienes en tus manos los sueños y las futuras carreras de tus alumnos. Mostrarles la realidad del arte en este país, sin ser crudo. Y alimentar la empatía, la disciplina, el amor por el trabajo. Enseñarles a que se mantengan, cuando a uno mismo le dan ganas de desertar.

                       
1                                        2

3                                                         4

1.- Buqueic. Encuentro de literatura y performance sobre el porno. Dirección y Producción Ángel Fuentes Balam.  2.- Las actrices Karla Franco, Estela Gameros y Diana Dantán en performance. Buqueic 2018.  3.- La poeta y performer Georgina Yáñez, en privados lectoeróticos. Buqueic 2018.  4.- Buqueic, primera edición Octubre 2017.


5                                                         6

7                                                       8
5.- Cógeme antes del abismo (2018). Autoría y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Berenice Pérez y Rafael Cerecedo. 6.- Cógeme antes del abismo (2018). Autoría y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Berenice Pérez, Estela Gameros y Genaro Payró. 7.- Cógeme antes del abismo (2018). Autoría y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Berenice Pérez y Rafael Cerecedo


9                                                            10
10.- Parturientas (2018). Dramaturgia y Dirección: Ángel Fuentes Balam. Idea original y Producción: Coralia Ancona. En la imagen, la actriz Yulliana Vargas.  11.- Parturientas (2018). Dramaturgia y Dirección: Ángel Fuentes Balam. Idea original y Producción: Coralia Ancona. En la imagen, la actriz Yulliana Vargas.


11                                         12                                     13

11.- El Ventrílocuo (2014 – 2017) Autor: Larry Tremblay. Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Rafael Cerecedo y Randia Escalante. 12.- El Ventrílocuo (2014 – 2017) Autor: Larry Tremblay. Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Rafael Cerecedo , Randia Escalante, Anaii Cisneros, Juan Chacón y Fernanda Bolívar.  13.- El Ventrílocuo (2014 – 2017) Autor: Larry Tremblay. Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Rafael Cerecedo y Randia Escalante.


14                                                            15

14.- Coctel Molotov (2018) Autoría: Gabriela Román. Dirección: Ángel Fuentes Balam. Producción: Centro Cultural El Claustro. En la imagen: Alumnos del sexto semestre de actuación. 15.- Coctel Molotov (2018) Autoría: Gabriela Román. Dirección: Ángel Fuentes Balam. Producción: Centro Cultural El Claustro. En la imagen: Alumnos del sexto semestre de actuación.


16                                                           17

16.- Nada (2018) Adaptación de la novela de Janne Teller. Dirección: Ángel Fuentes Balam. Producción: Centro Cultural El Claustro. En la imagen: Alumnos del tercer semestre de actuación. 17.- Nada (2018) Adaptación de la novela de Janne Teller. Dirección: Ángel Fuentes Balam. Producción: Centro Cultural El Claustro. En la imagen: Alumnos del tercer semestre de actuación.


18
18.- El nacimiento de mi violencia (2012 – 2013) Autor: Marco Canale. Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Ángel Fuentes y Fernanda Bolívar.


19                                                       20

19.- Riñón de cerdo para el desconsuelo (2011 – 2017). Autoría: Alejandro Ricaño. Adaptación y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Rafael Cerecedo y Patricia Pérez. 20.- Riñón de cerdo para el desconsuelo (2011 – 2017). Autoría: Alejandro Ricaño. Adaptación y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Patricia Pérez.


21                                                        22

21.- Melodía tu engranaje quieto (2012 – 20013) Autoría y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Glendy Cuevas, Fernanda Bolívar y Randia Escalante.

22.- Melodía tu engranaje quieto (2012 – 20013) Autoría y Dirección: Ángel Fuentes Balam. En la imagen: Glendy Cuevas y Randia Escalante.

Portadas de libros