Un trozo de noche es el cuervo, diablo alado por el tornasol embellecido. Su aleteo en la ventana horroriza a la madre inquietada por su pequeño hijo enfermo en la penumbra. Y es que sólo sabe anunciar desgracias y daños. Un trozo de noche, de tan negro y funesto.

Cuando come, desgrana el maíz sobre la roca estéril; así no podrá fructificar. No podremos esperar ningún beneficio del día si su vuelo ensombrece nuestro paso en el camino.

No teme al espantapájaros que es el hombre. Porque el cuervo no es pájaro: es la inteligencia animal del hurto y la merma de los plantíos. Más el pico hiriente, la mirada huraña y el odioso graznido que reprocha y aturde.

Cría cuervos y sacarán tus ojos.